Elecciones 2011

1. Centralidad política frente a 
ficción democrática
30 de abril de 2010

Posiblemente no hemos decidido cómo votar, botar o rebotar el próximo 2011, pero con bastante seguridad votaremos entre contradicciones y paradojas. La primera contradicción: votamos para elegir quien nos gobierna, pero las decisiones se toman en forma vertical y la organización política continúa promoviendo la exclusión (por ejemplo, al no respetar las consultas comunitarias contra la explotación de bienes naturales).

Segunda contradicción, votamos pero la mayoría de “elegibles” no se visibilizan ni someten su poder al escrutinio social: corporaciones familiares dueñas de gran parte de la riqueza, especialmente vía sistema financiero (1); transnacionales de la energía, petróleo, oro, agua, agrocombustibles; narcotraficantes con control de amplios territorios e influencia sobre la política; Ejército a partir del poder económico y el uso de la fuerza (latente o real como en el caso hondureño); Estados Unidos como “dueño” histórico de este patio trasero; Unión Europea entendida como el armazón institucional al servicio de los intereses de las multinacionales (2).

Tercera contradicción, votamos pero no decidimos, ya que las políticas económicas están comprometidas en el medio plazo: política energética, tributaria, agraria, concesiones mineras y petroleras, incluso las deudas con empresas constructoras heredadas por los sucesivos gobiernos, que representan en la práctica la extensión de privilegios del grupo gobernante, durante varios periodos. Por otro lado, temas necesarios de debate (reforma agraria, redistribución de la riqueza, racismo, refundación del Estado) no emergen en las propuestas preelectorales.

Disputa electoral, disputa de negocios
Las elecciones, que constituyen un instrumento todavía protagónico en la vida política del país (de ahí el valor creciente de la precampaña electoral) no parten de principios ni fortalecen hoy por hoy prácticas democráticas: no construyen consenso social (aunque intentan fortalecerlo clientelarmente y vía promesas de negocios), no redistribuyen el poder y la toma de decisiones (aunque generan estabilidad transitoria a partir de la ficción de decisión), no plantean soluciones estructurales porque no discuten problemas estructurales.

Por el contrario, las elecciones privilegian intereses corporativos. Resultan funcionales para el control del gobierno-estado y, a través de este, el control de importantes negocios; directamente contratos del Estado superiores a diez mil millones de quetzales anuales; indirectamente, gobierno, partidos políticos y Congreso de los Diputados (y la institucionalidad derivada) como aliados claves en el mantenimiento de privilegios de grupos económicos: exenciones tributarias, otorgamiento de subsidios (por ejemplo, a empresarios de transporte), falta de acción legislativa para regular el sistema financiero, la venta de armas, las empresas privadas de seguridad, y para impulsar las reformas legales propuestas por la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, que afectan intereses económicos. Complementariamente, las elecciones pueden legalizar/blanquear poderes delictivos, a partir de la influencia de la narcoactividad y la economía criminal sobre candidatos y partidos.

Las elecciones son, en este ámbito, instrumento para la disputa intraoligárquica/empresarial de parcelas de poder, aunque no son el único medio (violencia como otro medio fundamental) ni tampoco imprescindible, lo que nos regresa a escenarios de vocación autoritaria. El sistema político y el Estado resultante de este proceso no se configura en términos de consensos sociales mayoritarios, sino de dominio de intereses sectoriales.

Siguiendo a Gramsci (3), este Estado puede caracterizarse como “el espacio en el cual la clase capitalista se constituye en tanto tal. El Estado no es mero instrumento de la clase dominante (4), que lo toma y usa como tal, sino el lugar donde la burguesía se unifica y constituye para materializar su dominación no solamente mediante la fuerza, sino por una complejidad de mecanismos que garantizan el consentimiento de las clases subalternas.”

Nueva contradicción: las elecciones son importantes en la medida que pervierten el sentido colectivo del voto y el propio sentido colectivo democrático a favor de prácticas individualizadas. Este valor agregado resulta hoy más trascendente que la consideración del proceso como ámbito de legitimación democrática.

Ilusión de paz, ficción de democracia
En Guatemala vivimos ilusión de paz, a partir del fortalecimiento del uso de la fuerza sobre la negociación y el consenso; de la exclusión económica sobre la justicia; del verticalismo sobre la participación. En fin, de la derrota (transitoria) del espíritu y la cultura de la paz.

Vivimos también una ficción de democracia: vallas, programas de televisión, reuniones masivas, baile de precandidatos y partidos (más de quince entre legales y en formación), millones de quetzales comprometidos…contrastan con el deterioro de la convivencia democrática:

• la cuestionada eficiencia o la incuestionable ineficacia de los últimos gobiernos, poco más que administradores o amortiguadores de las injusticias,
• el desprestigio acentuado de partidos políticos y Congreso de la República, devenidos en oficina de empleo y gerencia de obras,
• la subordinación de la institucionalidad a las corporaciones económicas (cañeros, productores de palma, empresas energéticas, sector financiero, empresas de seguridad…)
• el debilitamiento del Estado democrático y el ejercicio de la soberanía, a partir de la entrada masiva de transnacionales en el país y la implantación de una lógica jurídica y política de extraterritorialidad: como demuestra, por ejemplo, la demanda de casi 700 millones de dólares de la transnacional Iberdrola al Estado de Guatemala por el conflicto en el cálculo del valor de la tarifa fija del servicio eléctrico.
• la naturalización de la pobreza, la injusticia y la violencia.

La contradicción entre la centralidad de las elecciones en el momento político de Guatemala y las condiciones antidemocráticas cada vez más acentuadas se refuerza, finalmente, porque votamos en el marco de un proceso democrático que, tras la estabilización del golpe en Honduras, está en riesgo involucionista. La democracia centroamericana, además de democracia de baja intensidad al centrarse en lo electoral y no en la universalidad de los derechos, es una democracia “en reversa”. Existe, en parte de las elites guatemaltecas, una reaceptación del autoritarismo político y por tanto aceptación de que ya no es válido el pacto constitucional de 1985 (pacto muy limitado en lo económico y social, pero con bases políticas democráticas) y los Acuerdos de Paz, que renovaron dicho pacto. Es decir, vamos a votar bajo la sospecha de una posible futura restricción de libertades (5) y con el convencimiento de que para sectores de poder la democracia es una mala forma de gobierno y la lucha por la justicia una propuesta histórica desfasada.

Notas

1. “Un 2% de propietarios domina el 65% de la superficie agrícola. Diez grandes conglomerados empresariales, con más de 10,000 empleados cada uno de ellos, controlan la mayoría de la riqueza. El 62.1% del ingreso nacional se concentra en el 20% de la población de mayores ingresos, mientras el 20% de la población más pobre únicamente tiene acceso al 2.4% del mismo”. Andrés Cabanas en “La Cuerda, Miradas feministas de la realidad”, abril de 2008.

2. Tom Kicharz, miembro de Ecologistas en Acción y la red birregional “Enlazando alternativas” expone: “La Unión Europea demostró ser un entramado institucional antidemocrático al servicio de las multinacionales y de las elites de los estados miembros. Sirva de ejemplo la orientación economicista y contraria a los derechos sociales básicos del Tratado de Lisboa, aprobado sin consultar a la ciudadanía (…) Igualmente, defiende con todo su aparato diplomático las estrategias comerciales abusivas de las empresas europeas en países del Sur, con los mal llamados Acuerdos de Asociación, una forma de neocolonialismo y expolio, tanto de la naturaleza como de las poblaciones del Sur”. En www.rebelion.org/noticia_pdf.php?id=104881.

3. Thwaites Rey, Mabel - Ouviña, Hernan: ‘’Estado capitalista y transición al socialismo en el joven Gramsci‘’ [CLASE], en el curso: “Teoría y praxis en el pensamiento de Antonio Gramsci: sus aportes para analizar la realidad latinoamericana”. (Programa Latinoamericano de Educación a Distancia, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Buenos Aires, Abril 2010).

4. Para los efectos de Guatemala, las corporaciones, los diversos grupos económicos, legales e ilegales.

5. El sociólogo Boaventura de Sousa Santos plantea la posibilidad de que el proceso involucionista se opere a partir de las propias instituciones democráticas. “Estamos en un continente donde se está intentando liquidar las conquistas democráticas de la última década. Y se está intentando liquidar de varias formas (…) Las fuerzas fascistas están utilizando también la democracia para liquidar estas luchas”. En http://alainet.org/publica/452.phtml.


2. Polaridades engañosas 
vs. continuidad estructural
15 de julio de 2010

Las acusaciones, el lenguaje divisor, los enfrentamientos progresivamente violentos, no logran desvanecer las grandes líneas de aproximación entre gobierno y oposición partidaria. Los discursos polarizantes ofrecen mayor contenido publicitario que sustento real: en las propuestas y sobre todo en las prácticas partidarias y de gobierno predomina la continuidad sobre las diferencias.

Continuidad estructural…
Los partidos mayoritarios, incluido el gobernante, no cuestionan el modelo económico primario agroexportador, que genera el gobierno de los mercados. El andamiaje legal que sustenta este modelo concentrador de beneficio y generador de pobreza (Ley General de Electricidad de 1996, Ley de Minería de 1997, Ley de Fomento y Desarrollo de Actividades Exportadoras y de Maquila,[1] sistema tributario orientado al no pago) se mantiene independientemente de la composición del Congreso y el Ejecutivo. Las políticas de desarrollo se heredan como expresión de intereses sectoriales, no como políticas públicas: las inversiones en infraestructura en la Franja Transversal del Norte, que arrancan en los años 60, o los proyectos hidroeléctricos y energéticos.

Lejos de enfrentarlo, cada gobierno aporta su grano de arena y se beneficia de la generalización de este modelo: durante la administración actual, la Matriz Energética 2008-2014, que eleva la producción de electricidad a través de carbón al 46% del total producido, puede ser uno de los negocios más rentable para empresarios y financiadores cercanos al equipo gobernante.

La continuidad se manifiesta, además, en el hecho de que los diferentes partidos apoyan en la práctica la existencia de un Estado corporativizado, débil para regular y promover derechos colectivos, sobre todo económicos y sociales. El sistema funciona aproximadamente así: Gobierno y Congreso garantizan la continuidad del modelo de desarrollo, que es básicamente subdesarrollo vía expropiación. Lo que sí se desarrolla, en contrapartida, son los negocios para el grupo gobernante y sus financiadores, y las concesiones de inversiones del Estado para empresas vinculadas a diputados distritales. En este contexto, el discurso de fortalecimiento del Estado retrocede ante la necesidad de mantener marcos legales no invasivos de la actividad de las empresas.

Finalmente, gobierno y partidos no condicionan el poder de transnacionales. Por el contrario, lo refuerzan con la negociación del Acuerdo de Asociación Unión Europea-Centroamérica, iniciada por Oscar Berger y rubricada por Álvaro Colom, que generará una legalidad y poderes de alcance superior al estatal: entre otros, utilización de mecanismos propios de control social, es decir, de represión;[2] posibilidad de arbitraje del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativo a Inversiones, cuando las empresas consideren dañados sus derechos por acciones del Estado, tal y como sucede con la demanda de más de 700 millones de dólares interpuesta por la EEGSA,[3] demanda originada por diferencias en el cálculo de la tarifa fija por abonado, y sustentada en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

…polaridades engañosas
A partir de las coincidencias y a pesar de los discursos, no se perciben proyectos de país diferenciados. No existe lucha de clases ni de los pobres frente a los ricos, al menos en el sistema de partidos y en la lógica de los factores de poder predominantes. Tampoco existe una clara polaridad capital tradicional/oligarquía tradicional frente a capital emergente (en el marco de la cual la alianza con uno debilitaría al otro) a partir de la irrigación de la economía criminal y su dominio económico (control del porcentaje mayoritario del Producto Interno Bruto) y político: es decir, la influencia de actores de la oligarquía tradicional y de la economía criminal en todos los partidos y al interior del ejecutivo, y su contribución al mantenimiento del actual sistema.

No existe, en fin, una línea divisoria definida entre reformismo democrático e involución autoritaria: sectores económicos y políticos ultraconservadores apoyan el neogolpismo hondureño, al igual que lo hace el gobierno de Colom (al reconocer al Presidente Pepe Lobo, sucesor del golpismo), con lo que esto implica de aval del golpe como instrumento, y del recorte de libertades y la posibilidad de reversión de la voluntad popular como fin.

Discutir para no cambiar
La polaridad actual es útil en el marco preelectoral, tiende a generar una esquematización de la vida política y social y una reducción a dos de las opciones de país posible. Pero no cuestiona el avance del modelo económico neoliberal, transnacionalizado y excluyente. La polarización y los enfrentamientos se recategorizan y delimitan en función de la similitud de agendas y el interés de fondo: el control de negocios, la supremacía en la conducción estratégica de la economía y del Estado (bajo la concepción del Estado como garantía de acumulación sectorial). Es decir, asistimos a una polarización diseñada para la continuidad del sistema y para la definición de la hegemonía al interior del mismo.

En este cuadro de disputa, la violencia se convierte en instrumento intrínseco y en ascenso: estado de excepción y persecución de luchas sociales como medio de control; la compleja criminalidad como factor para la desmovilización; los enfrentamientos entre supuestos mareros como mecanismo de terror; especialmente la violencia intragrupos de poder: cada vez más agresiva, con rasgos de desestabilización institucional.

Frente a esta realidad, resulta marginal –en términos de planteamiento de cambio- el mayor énfasis que unos y otros adjudican al papel del Estado o la autorregulación del mercado; resultan vanas las autodefiniciones ideológicas: socialdemócratas, liberales, libertarios. Incluso Cohesión social y las transferencias condicionadas como distintivo no contradicen sino que conviven con la depredación económica.

Pensar un nuevo país
Sin diferencias de fondo, sin espacios para definir un país diferente, el debate electoral, el debate político en general, es hoy la ausencia de debate. Nos queda chismear, calificar, insultar y calumniar a partidos y candidatos. Consumimos, sobre todo los medios de comunicación consumen, horas, páginas enteras, dibujando escenarios, aventurando opciones y, en buen chapín, jugando con nombres y siglas: quién se alía con aquel otro; cuál es el Vicepresidente posible del Presidenciable probable; quién se acerca, se aleja, se hace la cama o se la deshace.

Nos queda consumir páginas y horas confeccionando listados de candidatos y convertimos este ejercicio en quintaesencia de la política, a falta de nada más importante en qué pensar: por ejemplo, cómo hacemos para desnaturalizar y volver insoportables e inadmisibles el hambre, el racismo, el feminicidio, la actual democracia de corporaciones y poderes criminales que deciden por nosotros. El debate importante debe ser el que nos permita pensar juntos qué país queremos, a partir de la necesidad de superar nuestras injusticias históricas. Y eso debe hacerse con o a pesar de los actores políticos actuales. Con o sin elecciones y partidos. Con las actuales reglas de juego o con nuevas formas de convivencia.

Notas

[1] Reformada durante el gobierno de Oscar Berger para favorecer la exención tributaria de todo tipo de empresas, incluidas las mineras.

[2] “Actualmente la criminalización ya no la induce y realiza directamente el gobierno como ocurría durante el conflicto armado interno, ahora la promueven en su mayoría empresas nacionales y sobre todo transnacionales, finqueros o políticos sobre todo del poder local”. En “Criminalización, una forma de paralizar y debilitar la respuesta social”. Unidad de Defensoras y Defensores de Derechos Humanos, UDEFEGUA, Guatemala, 2010.

[3] Empresa Eléctrica de Guatemala, SA, de capital español. 


3. Entre certezas e incertidumbres 
22 de marzo de 2011

¿De qué nos hablan los partidos políticos en esta prolongada campaña electoral? De Orden, Honradez, Liderazgo, Creencia, Victoria, Esperanza... De Bondad. No nos hablan de las desigualdades estructurales y sus raíces coloniales y neocoloniales, capitalistas y neoliberales. No nos hablan de reforma fiscal, derechos colectivos, lucha contra el hambre, feminicidio, soberanía sobre los bienes naturales, Acuerdos de Paz. Ni de la explotación y desconocimiento de las otras y los otros, hoy igual que hace aproximadamente 2,300 años, como señaló Tito Maccio Plauto.[1]

Hablan de actitudes y proponen las actitudes como solución simple y universal a todos los problemas: continuidad de ese pensamiento que sitúa la raíz de nuestros males en el negativismo (ver el vaso medio vacío), sin mencionar las estructuras de explotación y opresión que son imprescindibles para el enriquecimiento (y generan pesimismo). Falta poco para que un candidato nos prometa limpieza y puntualidad como programa de gobierno. Para que otro nos diga: “Despertemos con una sonrisa para empezar a ser un país mejor.” El desorden, la falta de honradez y liderazgo, la desesperanza, son –en efecto- características negativas, pero no dejan de representar síntomas y no causas de nuestros males.

De cualquier modo, juguemos al juego de las actitudes y sonriamos. A los narcos. A los corruptos. A los empresarios explotadores. A las abstractas transnacionales de gran poder y difusas credenciales. Sonriamos aunque sean sonrisas acartonadas, falsamente joviales, rejuvenecidas, como las de los “Candidatos Photoshop” en sus enormes carteles.

Las elecciones del Yo
La precampaña refuerza, sin querer queriendo, planteamientos individualizadores. Un partido se denomina Creo (no Creemos). Otro se autonombra Líder (Uno, y Masculino). Aquel se reconoce como la quintaesencia de lo único, personal e intransferible, lo que es propio e irrepetible de cada ser humano: ADN. Los pensamientos se sobrepersonalizan: ¿casualidad o fortalecimiento subliminal de la cultura de lo individual-neoliberal frente a lo colectivo-grupal?

Las campañas hablan de los pobres como objeto de atención (solidaridad, cohesión social) pero no como sujeto de transformación. De la pobreza como mal inevitable (solo atenuable) y no como etapa a superar. Algunos, casi todos los partidos, se preguntan cómo atender a los más pobres, cuando el reto debe ser eliminar la riqueza mal habida y erradicar todas las desigualdades. Sucedió en México 2006: “Las campañas electorales se preguntan, ¿qué hacemos con los pobres? La Otra Campaña[2] se interroga, ¿qué hacemos con los ricos? Y responde: luchar contra ellos. Recupera así un vocabulario de clase en una época en que la izquierda institucional busca deshacerse de él”.[3]

Hablan de los pobres desde una supuesta lucha por la ruptura de las brechas sociales. Pero los que hablan (Unidad Nacional de la Esperanza), son los mismos que modifican la matriz energética a favor de empresas transnacionales; desconocen la obligación de suspender las operaciones de la mina Marlin; favorecen las exenciones tributarias; fortalecen el modelo de acumulación y la economía primaria exportadora dependiente, intrínsecamente generadora de pobreza; pactan o quieren pactar con aprendices de dictador (Alvaro Arzú); ordenan el desalojo de campesinos en la Franja Transversal del Norte, a cambio del apoyo de un sector del empresariado a su futuro gobierno. Los que hablan (Partido Patriota) promueven la violencia generalizada de Estado, una nueva fase (más aguda) del neoliberalismo, la impunidad, la subordinación a grandes capitales. El resto del pelotón (Unionistas, Encuentro, Visión con Valores) por ahora sólo repite, nada más que repite.

No existen propuestas de transformación. Regresando al inicio: se puede ser Ordenado, Creyente y Líder, en el marco del modelo neoliberal y privatizador de riquezas. La memoria electoral y la memoria histórica nos recuerdan que se puede ser -la enumeración es aleatoria-, Creyente, Líder y Genocida (aló, General Ríos Montt). 

Continuidad de disputas
La precampaña transcurre, así, por cauces similares a eventos anteriores. Sin embargo, es conveniente anotar algunas diferencias entre esta etapa y pasadas, tanto de orden cuantitativo como en calidad, que anticipan un periodo de convulsión:

o   La crisis económica y la crisis del sistema capitalista genera una “crisis de hegemonía y una disputa de hegemonía”[4] entre actores económicos y políticos nacionales y globales (transnacionales, oligarquías, grupos criminales…) Esta disputa convierte las elecciones en instrumento para la reafirmación o construcción de esquemas de dominio.  

o  El fortalecimiento de un pensamiento ultraconservador, favorecido por la hegemonía de esta ideología en sectores amplios de Estados Unidos y de Europa. Este pensamiento es más visible en medios urbanos, sobre todo en la capital. Se concreta en una visión autoritaria de la seguridad y en general de la organización política (opción cívico-militar, opción golpista al estilo hondureño). Se evidencia en el abigarramiento de ofertas en el espacio ideológico del centro derecha: Patriota, Visión con Valores, Victoria, Encuentro por Guatemala, Unionista… 

o  La existencia de un importante sector de la juventud aliado con este pensamiento, sector con capacidad de movilización e influencia en el resultado electoral.

o  La tensión entre el proceso electoral y la cada vez más creciente visión dictatorial e involucionista de sectores de poder. Por tanto, la posibilidad de la prescindencia de las elecciones a favor de una opción de fuerza (vía golpe de estado, fraude...).

o    El papel de los grupos criminales, para los que las instituciones son garantía de acumulación impune.

o      La capacidad de decisión política de las transnacionales.   

o   La división del sector económico tradicional (de nuevo la crisis y disputa de hegemonía), una parte de la cual no ve contradicción entre su modelo económico y la continuidad del actual grupo gobernante, mientras otra apuesta a opciones abiertamente autoritarias.  

o    El fortalecimiento del Ejército tras la implantación del Estado de Sitio en Alta Verapaz: el Estado de Sitio analizado como instrumento para la recuperación del papel político del Ejército.

o    El crecimiento de las movilizaciones sociales: luchas comunitarias en defensa del territorio; concreción de discursos y opciones anti sistémicas, que superan agendas meramente reivindicativas; crecimiento de movilizaciones en la periferia o al margen de las dinámicas institucionales; reaparición de estudiantes y jóvenes como actores transformadores y transgresores. Eventualmente, esta fuerza social puede generar contrapesos (no solo frente a los partidos, sino frente al sistema económico y político apuntalado por la exclusión) y empezar a crear condiciones para convertirse en actor con capacidad de decisión: en actor con poder de transformación.   

Escenario de dudas
Los mensajes electorales no trascienden la gestión y administración del modelo económico-político-social, tal y como está construido hoy. La precampaña avanza a partir de viejos liderazgos, antiguos tópicos y certezas. Sin embargo, la distancia cada vez mayor entre las demandas y necesidades sociales (no necesariamente convergentes), el fracaso de las elecciones y el sistema de partidos como instrumentos para el consenso, en definitiva la fragilidad del proceso, anticipan meses de incertidumbre, inestabilidad y conflictos crecientes. 

[1] Tito Maccio Plauto (254 a. C. - 184 a. C.) dice en su obra Asinaria: "Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit.": “Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro.”

[2] Se refiere al movimiento promovido por el zapatismo mexicano durante el proceso electoral 2006: un movimiento desde abajo y a la izquierda de los partidos y el sistema político.

[3] James D. Cockcroft. “México: momento histórico. Decisiones 2006”.

[4] Emir Sader, sociólogo y cientista político brasileño.


4. Continuidad o fin de ciclo
8 de septiembre de 2011


Se acercan las votaciones. ¿Ya saben “Si” y “Por quien?” van a votar? La campaña más larga de la historia electoral de Guatemala debería tenernos informados, conscientes, decididos. Por el contrario, predomina el desconcierto, el desconocimiento de las propuestas, el derrotismo derivado de que parecen ser otros los que deciden por nosotros, aunque depositemos (de forma ordenada, puntual, disciplinada y cívica) nuestros votos el domingo 11 de septiembre.  

Abundan las verdades a medias, las biografías hechas a la medida del candidato, las elipsis de la memoria: tan pronunciadas como los agujeros que periódicamente convierten la capital de Guatemala en un paisaje lunar. Elipsis y atajos históricos que maquillan rostros, endulzan caracteres, eluden hechos de corrupción, evitan mencionar asesinatos, genocidios…

El Photoshop de las Hojas de Vida convierte a genocidas en abuelitos amorosos, políticos preocupados y lobos solitarios que no se dejan influenciar por camarillas. El perfil de Otto Pérez Molina, aparecido en El Periódico el domingo 7 de agosto, es paradigma de este ocultamiento intencional. Alude “por encimita” a algunos crímenes, elude la sindicación de corrupción en el caso del fraude en el Congreso (inversión en la bolsa Mercado de Futuro que fue a parar a manos privadas, entre ellas las del presidenciable puntero), no tiene en cuenta un factor fundamental en la vida del candidato como la conformación y pertenencia al Sindicato, presenta un resumido listado de apoyos y financiadores, que impide visibilizar el bosque del poder real tras las ramas del candidato-instrumento-partido. La omisión de El Periódico es más evidente porque evita hablar de aquellos casos que sus propias investigaciones develaron con anterioridad. 

No es el único ejemplo de “Alzheimer electoral”: un viejo ideólogo de la inteligencia militar se confunde con un académico amable y, seguramente, amoroso (Suger). Grandes empresarios y propietarios, dueños de conglomerados corporativos y mercantiles, se presentan como emprendedores audaces, casi Self-Made-Men hechos a costa de todo y todos (Roberto González y el poder azucarero). Políticos veteranos aparecen como representantes de un nuevo liderazgo, de una juventud emergente (Alejandro Sinibaldi). La narcoactividad se desvanece en los mapas y escenarios de poder partidario y electoral. Transnacionales con capacidad de prorrogar concesiones fraudulentas (petróleo en Petén), de desconocer convenios internaciones de protección  de derechos humanos (Montana y el Convenio 169) o de ocupar un área protegida (Tomza en Izabal) no se mencionan en los análisis de influencia, en los listados de financiadores, no se visibilizan en sus simpatías y apoyo activo hacia uno u otro candidato.  

La historia interrumpida y la memoria selectiva anticipan gobiernos de omisiones y pactos con el pasado, el presente y el futuro. Impunidad con el ayer, connivencia con la corrupción ahora, compromisos a futuro con grandes poderes económicos, locales y globales: contratos que venden o alquilan el país durante 25 o 50 años, redactados originalmente en idioma inglés, al mejor estilo de los contratos bananeros (el Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Centroamérica).

La paradoja es que el acto electoral, que debería ser la concreción de la democracia representativa, el instrumento para generación de consensos colectivos, se convierte en la elección de la mediocridad y justifica la continuación de la tiranía. Con procedimientos democráticos, se institucionaliza un régimen de violencia: el neofascismo definido por Boaventura de Sousa Santos.

Más allá de las elecciones  
El actual proceso electoral presenta semejanzas con eventos anteriores: exceso de propaganda, falta de debate, predominio de las personas y los símbolos sobre los proyectos, acusaciones de corrupción, tutela de la empresa privada y el capital criminal sobre partidos y candidatos, electores ocultos: transnacionales, grupos criminales, gobiernos extranjeros.  

En la medida que las elecciones avanzan y crecen cuantitativamente (en mensajes, reuniones, foros, presentaciones, tarimas, conciertos, gastos) se desprestigian en lo cualitativo: la participación y a la vez generación de ciudadanía y pensamiento colectivo-democrático. En resumen, una campaña muy larga y tensa, un debate muy corto. Continuidad sin soluciones.

Sin embargo, esta campaña similar a  tantas, se inserta de forma en apariencia contradictoria en un nuevo contexto político. Planteo en los párrafos siguientes que las elecciones 2011 pueden ser las últimas que se realizan bajo  el actual marco electoral, el vigente marco político y el marco democrático constitucional. Estos han agotado tempranamente su capacidad de generar consensos, tanto al interior del bloque de poder como hacia la sociedad marginada.   

El consenso social, formalmente democrático, plasmado en la Constitución de 1985, complementado/reforzado por los Acuerdos de Paz de 1996, está dando lugar a un nuevo consenso (o anticonsenso) de carácter neo autoritario, concebido como pacto de élites, renovadamente violento y desconocedor del espíritu mínimamente articulador de los Acuerdos de Paz.

El neo autoritarismo se fortalece para:

1.    la expansión territorial y el control de nuevos ámbitos de acumulación económica (agua, energía, minerales);
2.    es asimismo expresión de disputas de elites por el reparto de la riqueza;
3.    aparece a consecuencia de la importancia de la economía criminal como soporte de la economía, y su consecuente peso político;
4.    responde a la pérdida de control –parcial- por parte de poderes tradicionales del sistema electoral y de partidos;
5.    es consecuencia del ciclo de movilizaciones contra hegemónicas y de propuestas radicalmente transformadores del sistema actual.

Este “nuevo orden”, o viejo ordenamiento actualizado, se expresa en el ámbito centroamericano con el golpe de Estado de Honduras, y en Guatemala a través de los movimientos empresariales de apoyo a dicho golpe, el movimiento  Pro reforma, los sucesivos intentos de golpe constitucional durante la administración de Álvaro Colom, y el discurso del Alcalde Álvaro Arzú en el Congreso (septiembre de 2009) donde abogó por una educación (implícitamente un modelo social y de  organización) de carácter cívico-militar. Un posible triunfo de un proyecto “neoliberal de mano dura” fortalecerá este posicionamiento, aunque no depende absolutamente de las variables electorales.  

Expresado de forma comparativa, este momento presenta los siguientes rasgos:

Ámbito
Periodo 1985 (inicio de gobiernos civiles) a 2009
Periodo 2009 (a partir del golpe de estado en Honduras) en adelante 
Económico
Predominio (teórico) de los intereses colectivos y públicos, representados en la acción de un Estado redistribuidor y organizador.

La seguridad y la estabilidad institucional en un marco constitucional democrático son condiciones necesarias para el desarrollo económico. 
Intereses corporativos y gremiales direccionan la economía.



El desarrollo económico se basa en la economía de la violencia: narcotráfico, extorsiones, secuestros, contrabando, acumulación por expropiación de territorio y bienes naturales.  

La oligarquía convive con la violencia. Las transnacionales conviven con la violencia. 
Político
La democracia representativa-electoral es el menos malo de los regímenes existentes y el elegido, tanto por las elites políticas y económicas como por la guerrilla, para la transición posconflicto.
Se admite la posibilidad de democracias dirigidas o cívico militares, y de la tutela de las fuerzas armadas sobre el poder civil.
Ideológico
El paradigma de la paz se impone (siempre en el plano teórico y declarativo) como cultura, forma de relación y organización: implica consenso, diálogo, solidaridad, justicia, redistribución, no violencia.
Se legitima y acepta la violencia. Se produce una nueva (nueva) involución en el pensamiento: misoginia, machismo, individualismo.

Contexto internacional
La comunidad internacional juega un papel determinante en el desarrollo del proceso de paz.
La comunidad internacional es actor interesado fundamental en los procesos de acumulación violenta.

Se debilita o desaparece el compromiso con los Acuerdos de Paz. 
Fuente: elaboración propia

En definitiva, asistimos a la ruptura del  proyecto de convivencia y consenso surgido tras la firma de los Acuerdos de Paz, ruptura asumida sin ambigüedades ni discursos políticamente correctos por un número cada vez mayor de actores de poder. En el corto plazo, esta crisis dará lugar a una reforma constitucional cuyo alcance vendrá determinado por acuerdos entre élites y, en menor grado, por la capacidad de movilización social. En el medio plazo, el riesgo es la institucionalización del autoritarismo y la derrota estratégica del proyecto de la paz. En el corto y medio plazo, la violencia, la desestabilización institucional y la disputa entre elites serán constantes.

Las luchas sociales como catalizador de un nuevo tiempo histórico
El balance debe hacer referencia al actual ciclo de movilizaciones sociales (o movimientos de insubordinación según la definición de la pensadora mexicano-boliviana Raquel Gutiérrez Aguilar) caracterizado por la búsqueda de transformaciones estructurales: la refundación desde la raíz de nuestro modelo de organización y convivencia, a partir de, entre otros, procesos de consultas comunitarias y luchas organizadas de mujeres y pueblos indígenas. Este nuevo ciclo es a la vez causa y consecuencia de la emergencia de nuevos actores, con otras formas de organización y pensamiento/práctica política.

Se reanuda en los movimientos sociales el debate aplazado sobre el poder y la construcción de un nuevo modelo de sociedad, así como el debate implícito sobre los actores e instrumentos para la lucha por esta sociedad distinta.

Este nuevo momento se expresa en múltiples ámbitos: fortalecimientos identitarios, surgimiento de nuevas expresiones reivindicativas, emergencia de sujetos: pueblos indígenas, mujeres, juventud; y en prácticas y acciones como las consultas comunitarias, la declaración de  territorios libres de explotación de recursos (germen de una contrainstitucionalidad popular y autónoma), la recuperación de la identidad cultural y política (ejercicio de la autoridad indígena) o la existencia, por vez primera en la historia reciente de  Guatemala, de propuestas organizadas de rechazo al sistema electoral y de partidos, vía voto nulo, blanco o abstencionismo activo-insumiso, que implican una emergencia contrasistémica.

Implícitamente, sin desconocer la importancia de los acuerdos de paz, este ciclo antecede a una transición/ruptura con este proceso, a partir de: la construcción de un nuevo pacto histórico, fundamentado en la memoria, el establecimiento de un nueva institucionalidad, la refundación del  Estado, el papel protagónico en la toma de decisiones de las comunidades y pueblos organizados, las luchas público-privadas de las mujeres, la recuperación del tejido comunitario y de las dinámicas comunitarias, la moralización de la política y la construcción de un modelo económico con dignidad y justicia.

El fin de ciclo hipotetizado plantea, así, un escenario común de inestabilidad, tensiones, disputas, crecimiento de la polarización y la violencia. Y plantea simultáneamente una bifurcación histórica: el adelgazamiento de la democracia y la negación de lo que nunca fue (los acuerdos de paz) o la transición hacia un nuevo sistema de organización y convivencia.

Por cierto, no contestaron a mi pregunta inicial: ¿Ya saben “Si” y ¿Por quién? Van a votar este 11 de septiembre?


5. Carta póstuma al sistema electoral y de partidos 
20 de septiembre de 2011


Señores concejales, síndicos, alcaldes, diputados electos. Futuros Vicepresidente y Presidente.


Pretendo que esta carta sea la última que les escribo. No es una predicción ni una amenaza, porque carezco de voluntad para ello. Expreso, sobre todo, una necesidad.


Los últimos 25 años hemos delegado nuestra autoridad en ustedes. Les hemos confiado la administración de la cosa pública, en el entendido de que el ejercicio del poder político tiene como fin primordial la construcción de normas, valores y consensos colectivos. Es decir, la construcción de la igualdad y la justicia, porque Es deber del Estado garantizarle a los habitantes de la República la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona, como afirma nuestra vigente Constitución Política: una organización social en la que todas y todos estemos representados. 

Hemos elegido seis presidentes, más de 500 diputados, por encima de 2,000 alcaldes en siete periodos electorales distintos. En cada uno de estos eventos, escuchamos de manera atenta sus promesas de justicia y libertad. Creímos en sus compromisos de honradez y trabajo. Votamos, invariablemente, de forma ordenada. Celebramos victorias y aceptamos de forma madura nuestras derrotas.

Firmamos un pacto de gestión conjunta: su influencia, su capacidad de decisión, su accionar, a cambio de nuestra delegación de confianza. Su empeño, su entrega, por nuestras esperanzas.

Este pacto ha sido ignorado y despreciado sistemáticamente por ustedes. Señores diputados, futuros mandatarios, alcaldes, síndicos, concejales: convierten los ideales en mercancía. Negocian sueños. Dilapidan su credibilidad y nuestras creencias. Peor aún: transan con las injusticias, logran que la miseria sea inversamente proporcional a su acumulación de riqueza. Piden nuestros votos para construir corporaciones financieras de todo tipo. La democracia transmutada en S.A.C. (Sociedades Anónimas Criminales).

Somos pueblos pacíficos y tranquilos, como bien observaron los invasores. Muchas veces “tranquilizados y pacificados” a la fuerza, en nombre de intereses escritos con letras mayúsculas: Dios, Civilización, Patria, Independencia, Agro exportación, Seguridad, Desarrollo… Pero –no se confundan- no somos Pueblos ignorantes, confundidos, engañados de forma indefinida.

Nuestro ejercicio histórico del voto, la –relativamente- masiva participación electoral en el último evento, no parte de la ingenuidad ni la poca inteligencia, sino de la amabilidad: los escuchamos de forma atenta en los dos largos años de campaña ilegal. Votamos madrugadoramente el 11 de septiembre. Aceptamos los tardíos resultados. Cumplimos nuestro compromiso y nuestra palabra, como en los últimos 25 años.

Por el contrario estoy seguro de que ustedes, sin distinción (diputados, síndicos, futuros Presidente y Vicepresidente, alcaldes, candidatos, concejales) están pensando en seguir haciendo más de lo mismo: engavetar promesas, archivar palabras de aliento, privatizar las esperanzas.

Lo que ustedes insisten en denominar Fiesta Cívica electoral, ejercicio de ciudadanía, expresión de apoyo al sistema, ejemplo de fortaleza democrática (porque ya sabemos que nuestra democracia es todavía joven y precisa de apoyos continuos) puede no ser más que Punto final y Acto de Despedida. 

No más renovación de confianza. No más fortalecer y oxigenar una institucionalidad creada por y para ustedes, sólo con ustedes: ajena a nuestros problemas, actuante en el espacio paralelo de la corrupción y los negocios particulares y espurios.

Ahora toca cambiar la historia. 



6. Se acabó la diversión (electoral): a trabajar y a luchar  
26 de noviembre de 2011

La consecuencia más visible de la intensa actividad partidario-electoral de los últimos meses es el resquebrajamiento de la democracia, entendida ésta como justicia, convivencia colectiva, representación consensuada de intereses y demandas. 

El incremento del número de votantes y la relativa tranquilidad de las jornadas electorales, parecen los únicos hechos positivos en este periodo. Por lo demás, el saldo es desfavorable: la institucionalidad resulta debilitada (Tribunal Supremo Electoral, crisis y deslegitimación del sistema de partidos y de representación), retrocede la cultura (predominio de propuestas autoritarias), se fortalecen las lógicas de acumulación y explotación económica, y los actores gravitantes alrededor de esta acumulación: oligarquía, transnacionales, grupos económicos emergentes, ejército, grupos criminales, la vieja y la nueva derecha entremezcladas.

Si la democracia es gobierno del pueblo, el sistema guatemalteco claudica ante un magma de poderes que definen hoy nuestros destinos. Además de la-s oligarquía-s, el  G8, el CACIF, el Ejército, mandan y gobiernan los carteles, las hidroeléctricas, las mineras, las maquilas, los encargados de la seguridad del aeropuerto, los aduaneros, los fondos de inversiones, las plazas off shore, los colegios de profesionales, los ilustres abogados y notarios, la cámara de seguridad, los diputados-caciques locales, las iglesias (o mejor dicho, los providencialismos resignados: Andrés Pérez Baltodano). La democracia hoy como el gobierno de las Corporaciones, esos grupos "comparativamente pequeños de hombres (…) que ejercen un poder y control sobre la riqueza y las operaciones de negocios del país", convirtiéndose en "rivales del propio Gobierno" según Noam Chomsky.

Si la democracia es justicia (gobierno para el pueblo) por estos lares se refuerzan los  rasgos estructurales permanentes del sistema de dominación; "la propuesta más agresiva para la explotación de los recursos en los territorios indígenas (...) el modelo de la barbarie y de la destrucción" (Máximo Ba Tiul). Predominan intereses particulares, personalismos y disputas entre  actores económicos y políticos.

En fin, si la democracia es reflexión colectiva, debate, construcción conjunta, hoy por hoy se discuten solamente parcelas de poder, con el objetivo de oxigenar un sistema político inoperante.

El último proceso electoral reforzó así una democracia acomplejada, raquítica, sostenida por la respiración artificial de las ilusiones propagandísticas. Mientras otros territorios enfrentan la larga noche del neoliberalismo (que no del capitalismo), y los Estados recuperan enteros en la concreción de derechos colectivos, acá nos sobrepasan las manos duras, las penas de muerte televisadas, los fundamentalismos y misoginias varias, que nos ubican en un momento político pos o  predemocrático, pos o o pre-acuerdos de paz.   

Nuevos horizontes y prácticas
Los evidentes límites de este sistema para la acción social transformadora obligarían a no convertir lo partidario electoral en instrumento y apuesta privilegiada. Sin embargo, las prácticas de organizaciones consideradas de izquierda, al menos las prácticas en los tiempos de las elecciones, caminan en sentido contrario: las coyunturas electorales se convierten en estratégicas, así como sus tiempos e instrumentos; se considera el sistema político electoral y la democracia representativa como espacios prioritarios para transformar el país. Las dinámicas partidarias tienden a fagocitar las movilizaciones sociopolíticas, las grandes luchas de las comunidades en defensa de sus derechos y sus territorios.

La reflexión trasciende las coyunturas electorales y se convierte en debate nodal para los partidos y movimientos sociales transformadores, partiendo de –al menos- estos puntos de discusión:

1.    Quiénes son los actores impulsores de los procesos de transformación (más allá de la matriz clásica hegemónica, la clase y el partido, que mencionan entre otros Boaventura de Sousa y Raúl Zibechi).  

2.    Cuál es nuestra concepción del poder: construcción permanente o eclosión y ruptura; ocupación-transformación (o ambas cosas juntas).

3.    Cuál es nuestra concepción del Estado: lo gubernamental-institucional o además, siguiendo a Gramsci y el movimiento feminista: valores, símbolos,  ideologías, capacidad de generar consensos… Por consiguiente, qué tipo de estrategias y acciones de lucha determinan una u otra concepción.

4.    Cuál es el papel de lo social con respecto a lo político-partidario, ¿subordinado? ¿complementario?

5.    Qué pretendemos, en interrogante planteada por Máximo Ba Tiul: reformar o revolucionar, y entonces cómo lo hacemos (actuamos dentro o desde fuera del Sistema) y cómo nos organizamos: desde abajo, a partir de formas e instrumentos que nazcan de las prácticas y visiones de las comunidades y de otros actores hasta ahora subordinados (movimiento de mujeres y feminista).

Los retos son amplios:

·         Superar lo electoral partidario como determinante, elevado sin merecerlo a categoría de Estrategia y Práctica Política Fundamental, considerado opción de victoria cuando es un juego de Pierde-Pierde, donde no crecemos, no acumulamos, no mejoramos: elección tras elección retrocedemos.

·         Trasladar el debate y la acción política: del reparto de espacios de poder entre los mismos de siempre, a los proyectos de emancipación, de una nueva sociedad y civilización. Del menos malo a los otros mundos posibles y necesarios. La energía partidario electoral desplegada (también por parte de los movimientos sociales) puede ser germen de un proceso de cambio.

·         Concretar formas de lucha adecuadas a este contexto. Se percibe como fundamental construir sujetos político-sociales (Isabel Rauber) que vinculen lo inmediato y lo estratégico, que cohesionen los distintos ámbitos y formas de lucha y que se configuren desde abajo hacia arriba.

Retomar las esperanzas
El reto más grande consiste en retomar la capacidad y la iniciativa políticas de articular un proyecto alternativo transformador, fundamentado en la vida, la colectividad y la solidaridad, contrapeso a la competencia, la ganancia a cualquier precio y el autoritarismo predominante.

Si la democracia es ilusión, esperanza colectiva, la democracia guatemalteca se abona a las lógicas del menos malo. La discusión encendida, apasionada, digna de menor causa, sobre quien ocupa el segundo lugar en el ranking de la mediocridad-la criminalidad-la falta de escrúpulos-el individualismo, etc. nos ha consumido al menos los últimos 15 años (o más, si recordamos el apoyo del PGT a la candidatura de Méndez Montenegro en 1966). Colom fue el menos malo frente al retorno al pasado y la mano blanca y dura de Pérez Molina en 1997; Berger el menos malo para evitar el triunfo del genocida Ríos Montt en 1993; Portillo el menos malo frente a la opción representada por la oligarquía criolla en 1999; Arzú el menos malo, o la opción oligárquica más moderna, en los albores de la firma de la paz.

Se trata entonces de recuperar  y construir un proyecto político genuinamente democrático. Y recuperar la capacidad de soñar. Me despido. Disculpen, no me van a creer, pero no he leído noticias en los últimos días. ¿Alguien puede decirme quien ha quedado de Presidente?