Otra historia

Cinco apuntes sobre el conflicto
 en la Universidad
10 de septiembre de 2010

La fotografía es apenas un fragmento de la realidad. Las imágenes que presento en este texto –tomadas en conferencia de prensa de universitarios y movimientos sociales el domingo 29 de agosto- revelan, con carácter general, el conflicto existente en la Universidad de San Carlos, USAC. Pero es necesario extenderse en argumentaciones: la ocupación de las instalaciones universitarias por parte de Estudiantes por la Autonomía, EPA, desde el 9 de agosto; la huelga de hambre iniciada por cinco estudiantes el 26; las demandas fundamentales: restitución de participación estudiantil, revisión de los criterios de admisión y de repitencia, incremento de presupuesto. La demanda, eventualmente explícita y final, de conformación de una Universidad Pública, Autónoma y Científico-Popular, al servicio de la solución de los problemas estructurales del país (los de siempre y antes). En suma, la Autonomía como crisis y solución.

Más allá de las fotografías debemos visibilizar otros contextos relevantes: la conversión de las instalaciones universitarias en centro de negocios, la participación no siempre transparente de delegados universitarios en elección de cargos públicos, el deterioro de una Universidad funcional a los intereses de los mercados (formación de profesionales para), complaciente o acrítica ante el modelo económico dominante y sus consecuencias de empobrecimiento: otra forma de privatización, la más peligrosa porque utiliza fondos públicos con lógica de mercado.

Podemos mencionar, puesto que no lo resaltan las grafías, la apatía académica y de reflexión de la tricentenaria Universidad, la inanidad a la hora de promover soluciones a algún que otro problema que tenemos en el país, pese a la posibilidad constitucional de presentar iniciativas de ley. Del mismo modo y en el afán de mostrar un mapa generalizador y complejo: la crisis de los paradigmas sociales de transformación y la progresiva burocratización del accionar social, sin certezas ni caminos sencillos.

Dicho todo lo anterior, parece un contrasentido afirmar que una imagen dice más que mil palabras. Es la confusión entre ambas, texto y fotografía, la que permite presentar un documento integrador o una imagen articulada de lo que estamos viviendo: USAC, Guatemala, año 2010, el reinicio del conflicto, todavía sin final certero pero (esto es abstracción teórica) posible parte aguas generacional de luchas e irrupción de nuevos y a la vez viejos sujetos históricos: jóvenes y estudiantes, muchas mujeres, con la ventaja de tener todo el tiempo del mundo por delante.

2. La reversión mediática
El 13 de septiembre la página de EPA en Facebook reunía más de once mil adhesiones. Las reivindicaciones estudiantiles se multiplican en blogs, programas de radio y televisión, páginas web. Las luchas del siglo XXI no son sólo virtuales, pero se apoyan en los nuevos medios de comunicación. Luchas y contraluchas: “EPA estudiantes por la Autonomía USAC, La realidad del bloqueo del campus central”, opositora a EPA, dispone de página en Facebook para “mostrar la verdadera realidad y aclarar la desinformación generada por el grupo que bloquea el Campus Central desde el 9 de agosto”. Cuenta hoy con 244 adherentes.

Las adhesiones no son pasivas sino entusiastas: 113 comentarios el 5 de septiembre en la página de EPA; 43 el cuatro; 123 el día 3; el 30 de agosto, durante el conflicto suscitado por la pretensión de reocupación del Centro Universitario Metropolitano, 385 comentarios.

El diálogo en la web mantiene una tensión paralela a la confrontación real. Los comentarios elevan eventualmente el tono del conflicto. Joaquín Solagaystoa, un colaborador habitual que probablemente oculta su nombre real, se presenta con un símbolo del Movimiento de Liberación Nacional, MLN. En la televisión de EPA escribe un nada oculto Neo-nazi, quien comenta sobre la huelga de hambre de cinco estudiantes:

"!Jajaja y yo comiendo trankilo en mi casa...jajajaja…van a dar su vida por la autonomía jajajajajaja ke buena patraña esa mierda jajajajajaja".

La comunicación puede desinformar y polarizar:

“EPA esta utilizando el Campus Central de la USAC, para trasiego de drogas y narcotráfico... aprovechándose de la ausencia de la comunidad universitaria”.

“Encapuchados (delincuentes) de EPA”.

“Los profesores a la labor docente y los estudiantes pues a estudiar...ese es el fin fundamental de la Universidad de San Carlos. EPA esta confundiendo a la comunidad universitaria con adornos como la violación de la autonomía...cuando en realidad el fin es político”.

El conflicto virtual, como el real, se desequilibra por momentos y contrapronóstico a favor de la ocupación. Al inicio de la misma, Noti 7 interrogó a la audiencia: “¿Cree usted que es correcto que un grupo de estudiantes mantenga bloqueado el ingreso a la Universidad de San Carlos de Guatemala debido a sus protestas?” La pregunta no neutral, direccionada, precalificadora, buscaba una amplia unanimidad. Casi daba igual que se preguntara: ¿Está usted de acuerdo con que una pandilla de delincuentes, haraganes y drogadictos invada la gloriosa y tricentenaria Universidad de San Carlos sin motivo aparente? “No, claro que no, cómo voy a estar de acuerdo. No seas bruto, man”. Los resultados fueron sorprendentemente equilibrados: 12,730 Sí, frente a 15,861 que manifestaron el obvio No.

La repregunta de Noti7 (semana del 9 al 16 de septiembre) baja el tono y aparenta políticamente objetiva: “A un mes del cierre, ¿cree que la Universidad de San Carlos de Guatemala debe ser abierta y reanudar labores docentes?” Desaparecen en la interrogación los calificadores morales (correcto), los argumentos cerrados en sí mismos (debido a sus protestas, sin decir cuáles y presuponiendo que protestar es malo).

¿La web refleja o antecede lo real? ¿Los comentarios criminalizadores preparan el camino a los procesos administrativos y judiciales? Si en algún momento las solicitudes de intervención de la fuerza pública crecen en la “blogosfera”, el asalto real puede ser inminente.

3. Narrativa de la protesta
Aunque la ocupación universitaria es reciente, genera su propia narrativa, es decir, un primer intento de interpretación histórico-social. Esta interpretación es provisional, dialéctica y contradictoria, como el propio proceso: radical pero vulnerable; necesariamente autónomo (también frente al otro solidario), pero obligadamente articulado; impetuoso y a la vez estratégico. A las dificultades del empirismo, de la reactividad y de la manipulación y cooptación por parte de los viejos saberes, se opone la potencialidad y energía de lo nuevo.

Memoria histórica. La protesta contiene una memoria y una genealogía histórica. Los estudiantes son en este punto herederos de luchas estudiantiles y sociales, sin repetirlas: el inicio de la marcha del 8 de septiembre frente al lugar donde fue asesinado el dirigente estudiantil Oliverio Castañeda de León, en 1978, remite a este legado histórico. Del mismo, modo, la participación del dirigente revolucionario Alfonso Bauer Paíz y otros dirigentes sociales en la concentración del 13 de agosto.

Simbología. Los estudiantes reconfiguran simbologías: capuchas, imágenes recurrentes del Che Guevara, el propio bloqueo como símbolo de recuperación de un territorio de luchas aplazadas. En general, una simbología marcadamente antisistema.

Épica. La lucha genera su propia épica, manifestada en la huelga de hambre de cinco jóvenes estudiantes. La épica, en su intencionalidad política, confronta e intenta romper una situación de inercia y pasividad dentro de la Universidad.

“Más que pasión, más que ideales, nos movió la pasividad de todas nuestras autoridades a no responder a quienes debían defender primero: a los estudiantes. Aquí estamos, en resistencia, aún con fuerzas, esperando sus respuestas o la respuesta de nuestro pueblo al ver nuestra salud desvanecerse con el paso de los días. Pero aclaramos; solamente nuestra salud, nuestras fuerzas y hasta nuestra vida desaparecerá, pero nunca disiparán el ideal de ver nuestra Universidad restaurada, como el máximo emblema de la educación popular en Guatemala porque después de todo. ¡Vale la pena seguir! ¡Vale la pena luchar!” (Carta abierta compañeras y compañeros en huelga de hambre).

Otra lectura de la épica debe tener en cuenta la correlación de fuerzas, el equilibrio medios-fines y la necesidad de evitar, a toda costa, consecuencias indeseadas en la salud de los estudiantes en huelga.

Nuevo contexto, nuevas luchas. La protesta estudiantil obliga a nuevas lecturas contextuales que reinterpreten el país surgido de los Acuerdos de Paz, y obliga a pensar nuevos marcos de actuación, no preestablecidos ni estructurados en la actual formalidad y racionalidad política (Fredy Herrarte): nuevos actores, propuestas y formas de agrupación.

Reivindicación de las utopías. La lucha estudiantil plantea recuperar un accionar político fundamentado en ideales, en proyectos políticos más que en agendas y demandas (Máximo Ba Tiul). Recupera, nombrándola explícitamente, una utopía de cambio global y generacional, concretada en la propuesta de una Universidad pública, autónoma y científico-popular, dentro de un proyecto de transformación. Esta visión se vuelve más explícita en la medida que la resistencia se prolonga. Comunicado de siete de septiembre de EPA:

“Llamamos, a toda la comunidad universitaria Sancarlista, especialmente a las y los estudiantes y al pueblo de Guatemala, a que se unan a este movimiento histórico de transformación social”.

Los estudiantes parten de una interpretación del mundo (inacabada) y de una práctica (en construcción), pero no se detienen en la dificultad de los cambios. Parecen decir: todos sin límite, todos los cambios están permitidos.

Ruptura de inercias históricas y generacionales. En fin, la lucha plantea interrogantes a los movimientos sociales, lo que puede constituir uno de los aportes principales del movimiento estudiantil. Confronta dinámicas de lucha burocratizada y encerrada en el círculo vicioso de la presión-diálogo-incumplimientos-presión-diálogo-incumplimientos. En este punto, ¿nos arriesgamos a escribir una nueva narrativa, en desventaja y con el riesgo de derrotas y reveses temporales, o nos conformamos con la actual, definida por reveses y temporales derrotas?

4. Espíritus libres en el territorio USAC
Para Raul Zibechi, el territorio es factor fundamental en la conformación de los sujetos. El territorio, más allá del espacio físico, es “producto del arraigo de relaciones sociales diferentes en espacios físicos en los que se despliega la vida en su totalidad social, cultural, económica y política, a través de iniciativas de producción, de salud, de educación, de celebración y de poder”. El campus, los diferentes campus universitarios, actúan como territorio unificador e identificador: de memorias, historias, luchas, sueños, mártires, generaciones, actores, sectores, propuestas de redefinición de la propia territorialidad:

“Se exhorta a la población quezalteca y de la región a que se una a la defensa de la autonomía universitaria y luchar conjuntamente por la descentralización efectiva e independencia del centro universitario de Occidente, así como de los centros regionales de educación superior a nivel nacional ya que es el momento de trascendencia histórica en nuestro país para trasformar la educación superior, y que siga siendo un logro de nuestro pueblo y los mártires universitarios. Únete al gran dialogo y propuesta regional y nacional de descentralización de la USAC, desde las bases de una Universidad democrática e incluyente, donde la participación del pueblo y la Universidad sea una realidad”. (Comunicado Centro Universitario NorOccidente).

Este espacio físico es además un espacio trans e intergeneracional, que se fortalece en la transmisión de la experiencia de luchas históricas, a partir de organizaciones y militantes activos, y en los mutuos aprendizajes. Un espacio transectorial, que rebasa agendas tematizadas, y un espacio de multiplicación de voluntades. El lema “No somos diez ni somos cien”, con que se responde a la invisibilización por parte de los medios y las autoridades universitarias, se complementa con el lema no escrito “Ya no somos siempre los mismos”, lo que viene a significar un punto de inflexión en la reciente historia de las movilizaciones sociales: una nueva generación (independientemente de la cantidad) empieza a incorporarse a los procesos de cambio y a una lucha que contiene otras muchas luchas.

En este marco, el espacio y las demandas universitarias actúan como “nexos o elementos aglutinantes de los sectores o actores sociales que deseen articularse” (Isabel Rauber), encontrando cada uno de ellos razones para el acompañamiento y apoyo a la lucha: en el programa, la historia, las identidades políticas, las redes sociales o familiares, de nuevo los ideales.

5. Los imponderables de la protesta
La última mirada debe regresar a las fotografías iniciales, al magnetismo de las expresiones, dulces pero directas, solo aparentemente cansadas. En este punto, creo conveniente transmitir los metatextos o metagrafías: el lento ascender del domingo de agosto en que las fotografías fueron impresas, la conmoción contenida en la conferencia de prensa, la luz tamizada de humedad, el coraje latente, la emoción a raudales, como las lluvias que estaban por llegar. Los imponderables de la realidad, inasibles y huidizos, pero fundamentales para entender qué sucede, como afirmó el reportero polaco Ryzsard Kapuscinscky.

Es una apreciación puramente personal: estos rostros inmaduros esconden la decisión, la audacia, la valentía, la voluntad férrea: juvenil, tempranamente entusiasta, leve y necesariamente ingenua. Sólo los ingenuos, que a pesar de todo creen, cambiarán este mundo.
(Solicite texto completo con fotografías a memoriagua@yahoo.com)


Permiso para reconstruir
30 de septiembre de 2010

Críticas e intento de deslegitimación. A los Estudiantes por la Autonomía, EPA, promotores de la ocupación de la Universidad, se les denomina delincuentes encapuchados o narcotraficantes. En palabras del educado Consejo Superior Universitario, representan a un grupo de personas: por tanto, defienden intereses minoritarios y no los colectivos de la Universidad.

Las descalificaciones pretenden validar el desalojo violento de los estudiantes. Si este todavía no se ha producido es porque EPA reúne adhesiones sociales, políticas, académicas, humanas (al contrario de lo que la información transmite) y concita simpatías, abiertas o implícitas, derivadas inicialmente de un hecho subjetivo: todos hemos sido estudiantes, todos hemos sido jóvenes, todos hemos sido idealistas, audaces, atrevidos, inconscientes y consecuentes. Los estudiantes están logrando proyectar sueños inconclusos o todavía latentes, recuperan la memoria histórica de una Universidad y un movimiento social construido para cambiar el mundo, y representan “un golpe de dignidad popular junto a las luchas en las comunidades contra los megaproyectos” en un país “destrozado por las políticas neoliberales, la corrupción, el narcotráfico, y una élite cuya política es la de hacer negocios (“sacarle el jugo”) a toda esa catástrofe” (Sergio Tischler).

Por el contrario, las actuales autoridades universitarias, entre las que se incluyen poderes no formales, acumulan desprestigio: por su discutida participación en Comisiones de Postulación e instancias estatales (caso de Cipriano Soto, quien como representante de la Universidad en la Corte de Constitucionalidad avaló la participación electoral en 2003 del golpista y genocida Ríos Montt), por su alejamiento de la problemática del país, por su conversión en entidad que forma profesionales para la iniciativa privada (Virgilio Álvarez). En fin, el ensimismamiento, la corrupción, la inanidad y la mediocridad intelectual no legitiman las posiciones que abogan por el uso de la fuerza y un desalojo violento.

A punto de cumplirse dos meses de ocupación, el conflicto se radicaliza al tiempo que se despolariza. La despolarización proviene de que el enfrentamiento ya no es Estudiantes vs. Institucionalidad y Legalidad, Bochincheros frente a Autoridades Legítimas, Encapuchados contra Profesionales y Docentes de Reconocida y Probada Honorabilidad, sino que ha logrado el acuerpamiento de trabajadores, grupos de docentes, grupos de profesionales, ex dirigentes de la Asociación de Estudiantes Universitarios, movimientos sociales. El Emplazamiento Ético de profesionales es muestra de lo anterior. En él se solicita a los representantes de Colegios Profesionales en el Consejo Superior Universitario que respondan a la siguiente pregunta: “¿Cuál es su postura en la actual crisis de la Universidad? ¿Votó usted a favor del desalojo? Exijo que la violencia contra las/los estudiantes no se ejerza en mi nombre”.

La despolarización de actores permite que el debate trascienda la ocupación como conducta delictiva y abarque el fondo de las demandas estudiantiles: el modelo de Universidad, los visibles e invisibles mecanismos de privatización construidos, el papel educativo, pero también social y político, de la academia. Este debate, no exento de dificultad, constituye un logro del movimiento estudiantil, independientemente de la resolución posterior de sus demandas.

Permiso para construir de nuevo
Un segundo logro de la movilización es la dignificación y recuperación de la acción política, en su sentido de reflexión sobre el poder actual y su necesaria transformación, dentro y fuera del recinto universitario. Esta reflexión ha sido aplazada por la despolitización neoliberal: la política desprovista de control sobre el modelo económico y desprovista de conflictividad y antagonía (concepción de los procesos sociales como descontaminados y asépticos, según Chantal Mouffe), reducida a lograr un desarrollo sustentable para todas y todos.

Así, el derrame social y político de la protesta estudiantil trasciende sus demandas, aunque se escenifica en la ocupación del territorio universitario. Con ecos del año 68, los estudiantes nos plantean “Construir otra universidad y construir otra historia”. Comunicado Estudiantes por la Autonomía, 22 de septiembre: “Si bien el fin primordial de una universidad es la academia y la investigación, nuestra casa de estudios ha desempeñado un papel mucho más activo en nuestra historia, siendo la cuna del pensamiento revolucionario y el principal apoyo intelectual de las grandes mayorías de nuestro pueblo. De la Universidad deben surgir las soluciones a las grandes problemáticas sociales de nuestro país”.

Ante las acusaciones de politización y subordinación a organizaciones sociales, los estudiantes refuerzan las reivindicaciones políticas, entendidas como el compromiso con “un desarrollo académico acorde con la situación general del país, los problemas de sus habitantes y las aspiraciones legitimas de la sociedad guatemalteca y los pueblos que la integran” (Comunicado Maestría en Psicología Social y Violencia Política). En este marco, el movimiento estudiantil debe conjugar las demandas académicas con las demandas generales (articulación de lo reivindicativo, lo social y lo político, según Isabel Rauber) y consolidar simultáneamente alianzas con movimientos sociales y alianzas internas dentro de la universidad.

Prohibido no equivocarse
El tercer acumulado del joven movimiento está implícito en la emergencia del estudiantado (ausente o casi invisible desde los años 80, especialmente en los últimos diez años) como actor fundamental en proyectos de cambios estructurales. La autonomía es a la vez demanda y dinámica de conformación de un sujeto, de una nueva generación de jóvenes comprometidos (más allá de lo cuantitativo).


“Este movimiento estudiantil tendrá que aprender no sólo a crearse un espacio propio sino a mantenerlo estableciendo una relación respetuosa con el conjunto social. Ha sido un movimiento con grandes dificultades, ¿cuál no lo es?, pero la defensa de la soberanía cultural y educativa de la nación que han llevado adelante estos jóvenes, en contra del rechazo y desprecio de muchos de sus profesores, en contra de un Estado que los encarcela y los golpea, y a pesar de no logar siempre explicarse a sí mismos es un llamado a la conciencia ética, histórica y moral de la sociedad y un indicador de que la exclusión promovida por los grandes poderes mundiales tiene remedio en los sujetos colectivos que empiezan a brotar por todos los rincones” (Ana Esther Ceceña, a propósito de la Huelga de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, 1999).

Este proceso, desarrollado a partir de ensayos y errores, para los que es imprescindible la intención, la equivocación y la enmienda, enfrenta retos fundamentales. Externos: las amenazas de criminalización, represión, cooptación.

A lo interno: la dificultad de madurar en un contexto de luchas sociales desarticuladas, frecuentemente herederas del autoritarismo y penalizadoras de las diversidades (especialmente cuando invisibilizan el aporte y las demandas de pueblos indígenas y mujeres). Hasta el momento, en un proceso dialéctico, abierto, no irreversible, el movimiento estudiantil apunta a nuevas formas de organización y lucha:

• las propuestas políticas se imponen sobre las demandas específicas;
• la identidad de sujetos y sectores articulados prevalece sobre la hegemonía de siglas y organizaciones;
• la radicalidad en los principios y valores, expresada en la huelga de hambre de cinco estudiantes desde el 26 de agosto, sobresale sobre las transacciones pragmáticas,
• la movilización para construir procesos de diálogo y acción política en equidad se revela más efectiva que el diálogo (y la acción política) sin movilizaciones.
• la solidaridad sustituye a la centralidad de los fondos de la cooperación;
• el ejercicio del debate, la innovación, el estudio y la reflexión estratégica se impone sobre el inmediatismo, el activismo y la reactividad sin propuestas.



En el medio plazo, un deseable escenario sitúa el movimiento estudiantil como dinamizador del relevo generacional de luchas, no sólo en cuanto a nombres y personas, sino sobre todo en cuanto a concepciones y prácticas.

Es posible cambiar
El movimiento estudiantil, generador de ilusiones, recuperador de propuestas utópicas, debe al mismo tiempo insertarse en el hoy histórico, con sus contradicciones y límites: se propone cambiar la Universidad y tal vez el mundo pero no tiene la responsabilidad de hacerlo ni puede hacerlo solo. Es un reto colectivo y compartido.

No obstante, el movimiento redefine correlaciones de fuerza desfavorables, no en lo cuantitativo, sino en lo simbólico (de nuevo con independencia de la solución positiva a sus demandas) demostrando que, a partir de movilizaciones sociales amplias, pueden generarse situaciones de equilibrio político y espacios para volver a imaginar la construcción de una nueva universidad y una nueva sociedad.