Desastres sociales


1. El simulacro que se convirtió en tormenta
31 de mayo de 2010

La primera tormenta del invierno en Guatemala hizo inútil el simulacro de terremoto y desastre natural, previsto para el 8 de junio. Este simulacro pretendía, según información facilitada por la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres, fortalecer la temática de gestión para la reducción del riesgo, evaluar los protocolos de activación de los Centros de Operaciones de Emergencia a nivel Nacional, Departamental y Municipal y, en general, evaluar el nivel de preparación ante un terremoto”.

La tormenta que se anticipó al simulacro evidencia que la población no está preparada para la emergencia, y tampoco lo están, en el grado necesario, los mecanismos de prevención, comunicación y respuesta. El saldo en vidas y destrucción es de nuevo alarmante: datos actualizados al momento de escribir este artículo (martes 1 de junio, 14:35 horas) mencionan 152 personas fallecidas, 87 heridas, 100 desaparecidas, 64,383 albergadas.

La lectura de causas y efectos de la tormenta se vuelve rutinaria, por repetitiva y no solucionada. La primera reflexión vincula desastres naturales a injusticia estructural. La extrema pobreza deriva, por ejemplo, en construcciones precarias situadas en zonas de alto riesgo, que aceleran la catástrofe. Panabaj en 2005: índice de desarrollo humano, 0.475; pobreza, 79.8%; pobreza extrema, 26.3%. San Antonio Palopó, mayo de 2010: índice de desarrollo humano, 0.45; pobreza, 87.0%; pobreza extrema, 40.4% (a nivel nacional, el Índice de Desarrollo Humano es de 0.640, 51% de población vive en pobreza y 15.2% en extrema pobreza).

Segunda lectura: la debilidad del Estado impide una acción de prevención y de reacción eficaz. Al igual que durante el paso de la tormenta Stan (2005) o el huracán Mitch (1998), los medios de comunicación y los servicios de bomberos alcanzan mayor presencia que la Institucionalidad. La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres, municipalidades o ministerios son entidades marginales frente a la magnitud estructural de los problemas. El Estado en general se achiquita ante el ímpetu y la desnudez de nuestra realidad.

Tercera lectura: el mercado no reequilibra sino termina por desestructurar. Las leyes de la oferta y la demanda pueden convertir la emergencia en mercancía y ganancia: especulación, subida de precios… “Las grandes cadenas de radio y televisión anuncian ya sus maratones recaudadores apelando al nacionalismo y el sentido de solidaridad de los guatemaltecos, aprovechando para orientar el consumo de determinas marcas y patrocinios, y así se escuchan pedidos, no de víveres sino de harina Maseca, agua salvavidas o sopas instantáneas” afirma el intelectual Mario Rodríguez.

Cuarta lectura: la debilidad institucional no es sólo económica, sino de cultura política. La institucionalidad actual no está concebida para el ejercicio de derechos, para la construcción conjunta, sino para el aprovechamiento sectorial. Durante la emergencia, cuando la solidaridad y lo colectivo deben orientar, esta institucionalidad se muestra “culturalmente” incapaz.

La quinta lectura es una pregunta múltiple: ¿Nos tomamos en serio los desastres o el Estado de Emergencia es ya nuestro Estado Natural, tanto de forma individual como organizativa/colectiva? ¿Proponemos como solución lo mismo que se está haciendo (reparto de víveres, bolsas solidarias…medidas parciales e individuales) o buscamos remedios de fondo? ¿Seguimos conviviendo con este Estado simulado o le apostamos a la organización social para la concreción de derechos? En estas reflexiones estábamos, cuando el simulacro se convirtió en tormenta.

2. Imágenes de la tormenta
13 de junio de 2010

Imágenes de la tragedia: ceniza, lluvia, inundaciones, derrumbes, tristeza, muerte. De arriba hacia abajo (erupción del volcán Pacaya), de norte a sur (crecida de ríos), de oeste a este (el desplazamiento mortal de la tormenta Ágatha), de abajo hacia arriba (apertura de un hoyo de unos 50 metros de diámetro en una zona residencial de la capital).

Más imágenes. Solidaridad. Fuerza para continuar con la lucha después del llanto. La vida sigue: aquí no pasó nada y en pocos días borraremos los rastros de la destrucción, cuando esto dependa de nuestras propias fuerzas y no de una diluida respuesta institucional.

Imágenes contradictorias: (algunas) autoridades que trabajan hasta el agotamiento físico para responder a la emergencia pero no cuentan con recursos. Contradicciones políticas: autoridades que se comprometen con la reconstrucción pero declinan su parte de responsabilidad en la aplicación de políticas económicas que agudizan los riesgos naturales. Se observan demasiados rostros en las fotografías queriendo decir, como en la canción, “Yo no fui, fue teté, pégale, pégale a quien fue”.

La respuesta institucional es fundamental, a partir de la magnitud de la destrucción: 174 muertos y 113 desaparecidos, cifras no muy alejadas de las ocurridas durante el paso del Huracán Mitch (268 muertos, 121 desaparecidos). Pero el desentendimiento de responsabilidades tiende a negar la vulnerabilidad construida, es decir, el hecho de que medidas económicas impulsadas por los últimos gobiernos generan peligro creciente. ”La deforestación para el cultivo de la caña de azúcar y la palma africana, así como el desvío de ríos para el riego, ha ayudado a la construcción impune del riesgo”, afirma el Colectivo Madreselva.

Reconstruir con la mano lo que se destruye con los pies (por delante)
La reconstrucción viene a ser, en este contexto, el remiendo con la mano derecha de lo que se destruye con los pies, de manera violenta y a gran escala. Se habla de reconstrucción con transformación (Segeplan) pero al mismo tiempo se apuesta por la minería como motor de desarrollo, aun a sabiendas de los riesgos sobre el ambiente y las personas, de la oposición comunitaria y de exhortaciones de organismos internacionales, como la reciente recomendación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de 20 de mayo, que solicita al gobierno suspender la explotación minera del proyecto Marlin en el departamento de San Marcos.

Se promueven, en fin, las actividades económicas que no prestan atención al equilibrio y respeto hacia la naturaleza, la urbanización sin reglamentación, la producción de agrocombustibles, la extensión del cultivo de caña de azúcar, el incremento de generación de energía eléctrica por medio de carbón vegetal, la construcción de grandes hidroeléctricas (motivada por la demanda del mercado industrial y centroamericano, no por el consumo de la población): la imagen de la incoherencia política.

Ni destrucción ni reconstrucción: transformación radical
En sentido estricto, no existe reconstrucción posterior a la destrucción sino procesos paralelos. Se reconstruye de forma permanente, en ciclos de emergencia apenas espaciados: 25 estados de calamidad y prevención durante los dos primeros años de este gobierno.

Se destruye de manera sistemática, legalizada, incluso con cargo al erario público, a partir de medidas que configuran un modelo económico orientado a satisfacer la demanda externa, con un Estado sin capacidad reguladora, institucionalidad subordinada al esquema de acumulación y priorización de las necesidades del mercado sobre la sobrevivencia.

En este marco, el debate fundamental no debe girar sobre la capacidad de prevención, el fortalecimiento de la institucionalidad actual (colapsada), la eficacia de la respuesta, la recurrente utilización partidaria o sectorial de la emergencia. No debe girar sobre medidas de corto plazo (por otro lado imperativas e inevitables) sino sobre soluciones de fondo: el cuestionamiento del modelo económico y el programa político que origina la destrucción, y la alternativa estructural a este modelo y al esquema de poder excluyente.

3. Calienta el sol en Tel Aviv
8 de septiembre de 2010

El sábado 4 de septiembre, mientras un cerro se desplomaba sobre decenas de personas en Santa Catarina Ixtahuacán, occidente de Guatemala, en Tel Aviv y el resto de Israel brillaba el sol con fuerza, como es usual en este fin del verano. Y las previsiones no podían ser mejores: temperaturas promedio entre 22 y 39 grados centígrados, calurosas sin llegar a ser sofocantes, precipitación cero, fuerza del viento muy moderada, con dirección predominante SW. Sol, sol y más sol en Tel Aviv, Eilat, Haifa, Tamra, Tayibe…

Me preguntarán ustedes, ¿qué nos importa en Guatemala si nieva, truena o llueve en Israel? O desde otro punto de vista ¿por qué debería interesarles a las y los israelitas el derrumbe de una montaña en Ixtahuacán? La respuesta a lo primero es que nada, salvo para sentir envidia, pasajera y de la buena. La respuesta a lo segundo es que probablemente nada, pero debería importarles mucho, porque es una empresa israelí, Solel Boneh, la artífice de los taludes verticales que literalmente se desmoronaron el día cuatro.

Afirmo que les importa probablemente nada por el silencio de la empresa: no existen explicaciones públicas, no se asumen responsabilidades, no se anuncian indemnizaciones a las víctimas. Para Solel Boneh, Guatemala no es el lugar donde ocurren desastres, en los mismos puntos en los que la empresa está trabajando, sino una experiencia exitosa: a model for SBI success.

La explicación de los derrumbes
La justificación oficial del derrumbe refiere como desencadenante el exceso de lluvia. La argumentación a partir del concepto de vulnerabilidad construida alude a la acción de las empresas constructoras como causal fundamental. En junio, tras derrumbes sucesivos en el mismo tramo, El Periódico consultó al Ingeniero Adolfo Abiches sobre los errores en la construcción:

“Del kilómetro 160 al 185 la mayoría de los derrumbes ocurrieron del lado derecho yendo hacia el occidente. Es el caso típico del corte nuevo que se hizo en forma vertical”.

"Los cortes verticales en carreteras recién construidas aumentan el riesgo, pues el material de la montaña aún está suelto. Cualquier material que se deposita mientras se construye una carretera forma una pendiente, para no explayarse por completo, eso es el ángulo de reposo. Si no se respeta ese ángulo se corre el riesgo de derrumbes”.

“En la unión de las montañas pueden observarse los cortes verticales. No se hicieron disipadores de energía” (gradas para que el agua al caer por la ladera pierda su fuerza; cuando no se hacen este tipo de disipadores la corriente arrasa fácilmente con árboles y tierra).

¿Quién toma las decisiones en Guatemala (o en Israel)?
La tragedia de Ixtahuacán como “tragedia construida” debe tener lecturas histórico-políticas. Una lectura desde la continuidad de empresas favorecidas con contratos multimillonarios, independientemente del gobierno en el poder y de la mala calidad de sus trabajos. Solel Boneh está presente en Guatemala desde 1980; Conasa fue creada en 1975.

Lectura desde la maximización de beneficios como objetivo fundamental, al que se subordinan intereses y derechos colectivos.

Lectura desde la capacidad de las empresas de generar legalidad e institucionalidad a su servicio, y al mismo tiempo de permitir la ilegalidad y los abusos.

Lectura desde las alianzas entre oligarquías nacionales y transnacionales (dos grandes constructoras, una sola carretera, afirma la Revista Construcción, Cámara de Construcción de Guatemala, número 122) y las complicidades de ambas con el poder ejecutivo.

Lectura desde las connivencias institucionales: del gobierno, de los congresistas, de los medios de comunicación, de los ministerios que eluden responsabilidades fiscalizadoras (estudios de impacto ambiental, monitoreo de ejecución).

En fin, lectura desde la posibilidad de ejercicio democrático o desde la cultura antidemocrática: el predominio de la economía privada; la política sin políticos o con políticos cómplices; la institucionalización de los silencios y el poder arbitrario, aunque genere destrucción y muerte. Frente a este poder impune es necesario delimitar responsabilidades penales y establecer limitaciones sociales.

País cerrado por periodo invernal
13 de octubre de 2010

El Gobierno de la República de Guatemala, haciendo ejercicio de previsión y planificación, y en anticipo de un próximo invierno seguramente tan copioso como el recién finalizado,

TOMANDO EN CUENTA:

el pésimo estado de la Red Vial (comúnmente conocida como pinches carreteras o pinche asfalto),
el deterioro general de la infraestructura del país,
las limitaciones presupuestarias debido a que no se ha aprobado ni se está aprobando ni se va a aprobar la reforma fiscal y tributaria correspondiente,
la campaña electoral que drenará nuestros más que escasos recursos disponibles.

ASIMISMO:

el actuar de la Madre Naturaleza (o Señora Naturaleza, a juzgar por la fuerza de sus embates).

CONSIDERA en este marco:

La clausura temporal de todo tipo de actividades en el país, durante la vigencia del denominado periodo invernal húmedo (o pinche invierno).

Este cierre se efectuará de forma ordenada y escalonada, en la medida que se instale el régimen de lluvias en los distintos territorios, e incluirá actividades de la siguiente naturaleza:

agrícolas, industriales, comerciales, financieras, de servicios, animales, vegetales, minerales, tradicionales, emergentes, legislativas, judiciales, sólidas, líquidas, gaseosas, divertidas, aburridas, sedentarias pasivas, sedentarias activas, deportivas, intelectuales, artísticas, musicales, constructivas, destructivas y criminales.

DISPÓNESE así:

Que para facilitar dicha clausura, sin generar inconvenientes ajenos del todo a nuestro estado de ánimo y buena voluntad, todos los habitantes de la República entren en periodo de hibernación a partir de las fechas oportunamente señaladas por la autoridad correspondiente (o políticos cerotes).

En este lapso de tiempo las y los ciudadanos deberán usar gradualmente las reservas energéticas almacenadas en sus cuerpos, llevando su temperatura corporal y frecuencia respiratoria a un nivel inferior a lo normal, y en general haciendo su metabolismo más lento: es decir, una hibernación en toda la regla y como Dios manda.

El Gobierno de la República considera que las medidas extremas a adoptar son necesarias a partir de las lecciones aprendidas en el duro invierno que acabamos de vivir:

1) Los continuos derrumbes, sobre todo en la Carretera Interamericana, obedecen a una lógica natural, por mucho que la ilógica de las empresas construya en terrenos inapropiados, sin curvas de amortiguamiento en los taludes, sin estudios previos ni posteriores.

2) Ante las críticas a nuestra gestión, respondemos con silencio, silencio, silencio y un manto de impunidad, como sucedió tras los derrumbes del cuatro de septiembre (ver memorial 125, memoriagua@yahoo.com).

3) Nosotros somos las empresas constructoras, por tanto las críticas a las empresas son críticas a nosotros mismos (a las que respondemos con silencio, silencio, silencio y un manto de impunidad, como sucedió tras los derrumbes blablabla-blablabla).

4) Es obligación de nuestro modelo de desarrollo poner límites aunque sean arbitrarios al paso de los ríos, a los nacimientos de agua, a los movimientos naturales de las montañas (¿se mueven porque son seres vivos o por fastidiar nuestras obras?)

5) Nuestro modelo económico desplaza a las personas y margina a la naturaleza, pero deja obras de cemento hidráulico de larga duración: eso sí, a condición de que exista piso sobre el que sustentar este cemento.

Dicho lo anterior, comenzamos a preparar la clausura temporal del país. Nos hablamos en 12 meses.