Neogolpismo en Honduras

Las barbas de nuestro vecino
30 de junio de 2009

El Golpe de Estado en Honduras de domingo 28 de junio obliga a una relectura de la situación en Guatemala y en Latinoamérica. A partir del reconocimiento de que el golpe parte de actores, dinámicas y un contexto específico, considero que son necesarios los análisis globalizadores: el golpe como producto de tendencias generales y al mismo tiempo como generador de nuevos escenarios e intentos de modificación de la correlación de fuerzas a nivel regional.     

En primer lugar, la lectura tiene que valorar la probabilidad y proximidad de una ruptura coincidente en Guatemala, donde confluyen factores similares a los que provocaron la actual situación en Honduras:

disputa entre sectores de la oligarquía por el control de negocios, incluidos los derivados del narcotráfico y la economía criminal,

disputa por el control de instituciones estatales y gubernamentales, claves para la obtención de riqueza (aduanas, migración, sistema de justicia),

existencia de un estado debilitado y subordinado a intereses particulares,

predominio histórico de las corporaciones en el esquema de poder, ahora refuncionalizadas y reconfiguradas en el marco de un nuevo eje de acumulación económica (energía, agua, agrocombustibles, minería…),

dependencia económica y política de actores internacionales,

existencia de Ejércitos fuertes, concebidos como actores con capacidad de decisión política, en alianza con sectores económicos,

existencia de pactos entre sectores oligárquicos y de gobierno con sectores del movimiento social, pactos que excluyen transformaciones estructurales,

movimientos sociales fragmentados, sin agenda hegemónica.

La cercanía es mayor si se consideran las inversiones compartidas entre empresarios hondureños y guatemaltecos, y por tanto la similitud de visión y pensamiento (por ejemplo, las inversiones en el sector hidroeléctrico y energético del Grupo Terra o del grupo CECSA) [1]

En este marco, el golpe hondureño puede ser visto como opción viable para sectores de poder en Guatemala, temporalmente desplazados del control de la institucionalidad del estado y el gobierno, y en enfrentamiento táctico con el propio gobierno y otros sectores económicos y políticos: después del golpe, cobran nuevo significado los acontecimientos del mes de mayo en Guatemala, y los persistentes rumores sobre involución golpista y quiebre de la institucionalidad.

Una segunda línea de análisis permite ver el golpe a partir del renacido poder de los Ejércitos en la región, tras el bajo perfil mantenido en los años posteriores al fin de los conflictos armados. El domingo 28, el Ejército hondureño fue juez, parte, facilitador y operador en la definición de un conflicto político. Causa y consecuencia: el poder del Ejército definió el golpe como solución. El golpe –de no revertirse- perpetuará el carácter deliberante, no sujeto al poder político y elitista de las fuerzas armadas centroamericanas (a excepción de la nicaragüense).

En tercer lugar, el golpe implica un retroceso en términos de convivencia democrática, ya que grupos civiles, partidos, empresarios y medios de comunicación avalan y abogan directamente por medidas de fuerza. Se retuercen los principios democráticos hasta reducirlos a la marginalidad o lo irrisorio: es lo que sucede cuando se discute si lo sucedido fue o no un golpe de estado o cuando se recurre al Ejército como garantía de la democracia. Supone un retorno sin rubor a prácticas autoritarias y puede implicar un nuevo ciclo de restricción de libertades.

En cuarto lugar, el golpe anticipa y prevé las reacciones populares ante la crisis económica y el  nuevo ciclo del capital: la expansión de las transnacionales, el acaparamiento de los bienes naturales de las comunidades (el segundo ciclo neoliberal definido por Raúl Zibechi) [2] van acompañadas de mayor violencia y autoritarismo político: el modelo económico excluyente necesita del uso de la fuerza para consolidarse y reproducirse. El golpe debe leerse, así, como una respuesta conservadora y autoritaria a la crisis del capitalismo y como una apuesta continuada por el expolio, la enajenación y la exclusión de personas y comunidades.

En quinto lugar, el golpe se define como estrategia de contención, ante la amenaza de un buen ejemplo, mencionada por Noam Chomsky [3]. En este punto el buen ejemplo no se refiere a la situación hondureña, donde los coqueteos del gobierno y del Presidente con la izquierda no son todavía más que eso, coqueteos sin suficiente sustento organizativo y programático, sino hacia lo que puede ser. El mensaje es claro para El Salvador, país que comparte 341 kilómetros de frontera con Honduras y una tormentosa historia de desencuentros [4]. El llamado alerta sobre posibles intentos de transformaciones estructurales en el modelo político y económico, y sobre posicionamientos geoestratégicos del nuevo gobierno: la Alternativa Bolivariana de las Américas, ALBA, y la relación con los gobiernos de izquierda en el continente. En un contexto de una organización social y partidaria fuerte, que  acumula experiencia histórica de defensa armada, el mensaje no parece condicionar un golpe similar al hondureño, pero sí generar divisiones entre sectores del gobierno salvadoreño y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN.

Una sexta mirada se detiene en el impacto del golpe en la dinámica posconflicto en Guatemala y el desarrollo de los Acuerdos de Paz. Después de la firma de los Acuerdos, mantuvimos (al menos teórica y formalmente) tres grandes principios: el de la seguridad democrática y el carácter no deliberante del Ejército (abocado a tareas de seguridad externa); el de la necesidad de un Estado fortalecido para la búsqueda de un desarrollo incluyente; y el de la democracia y la búsqueda de consensos sociales (los propios Acuerdos como consenso básico) como paradigma de convivencia. El golpe en Honduras destruye simbólicamente y en la práctica las visiones anteriores y favorece todo tipo de tentaciones autoritarias y/o de reducción de la democracia a un ejercicio de elites, como las propuestas contenidas en el planteamiento de reforma constitucional del grupo Proreforma.   

Por fin, es importante analizar consecuencias y al menos cuatro escenarios, si el golpe se consolida:

   La repetición de golpes de estado similares al hondureño, es decir, revestidos de legalidad democrática, en la línea que Isabel Rauber define como neogolpismo: El disfraz “democrático” del Golpe de Estado, anuncia el nuevo estilo autoritario de los poderosos y desnuda el contenido de su “democracia” de mercado: “Cuando me conviene sí, y cuando no me conviene: no.” No es la vuelta al pasado, no hay que equivocarse: Es el anuncio de los nuevos procedimientos de la derecha impotente. El neo-golpismo es “democrático” y “constitucional”. Honduras anuncia por tanto la apertura de una nueva era: la de los “golpes constitucionales”. Es esto lo que se está ensayando en Honduras: apelar a “canales” legales para poner fin por la fuerza a los procesos de cambio que están desarrollándose en el continente. Obviamente, como es natural, el ensayo se lleva adelante en territorios donde los costos políticos resultan menores porque los procesos sociales populares son más débiles, como es el caso de Honduras”  [5].

           El posible cambio de posición de la comunidad internacional. Si se repiten situaciones similares, ¿cómo se resolverá el conflicto entre la lógica de la defensa de la democracia y la lógica de penetración del capital estadounidense y europeo? 

La proliferación de amenazas de golpe que, aunque no se concreten, generan reacomodos de fuerza, negociaciones cupulares y obtención de espacios de poder para sus promotores.

  El escenario extremo, la existencia y el retorno a golpes de estado de factura claramente militar. El fascismo social propio de estos tiempos, definido por Boaventura de Sousa Santos, puede dar espacio al clásico fascismo político.   

La alternativa es no sólo impedir que el golpe de estado y el estado de golpe (el golpe como proceso de reversión democrática más allá del hecho del derribo de un gobierno) se consoliden, sino fortalecer alternativas de gobierno popular a partir del protagonismo de los movimientos sociales. El ejercicio del poder se reconfigura: sectores de la oligarquía, del gobierno, de los partidos, de las instituciones corporativizadas, del Ejército, de la comunidad internacional, con el soporte de medios de comunicación y del pensamiento individualista y resignado (el pragmatismo resignado que menciona el nicaragüense Andrés Pérez Baltodano) conspiran para tutelar todavía más la democracia y restringir la participación social y las posibilidades de reformas. Esta reconfiguración se da en disputa táctica con otros sectores oligárquicos y sobre todo en confrontación estratégica con un proyecto popular todavía en definición.  

Posiblemente entramos a un nuevo ciclo histórico de polarización, después de años de consensos (aparentes) y libertades (formales). Autoritarismo o transformación. No tenemos otras opciones.


Tiempos de golpe, tiempos de lucha
20 de agosto de 2009
                                         
Veinte de agosto, 54 días de golpe de Estado en Honduras: malos tiempos para la cuarta urna, la democracia y las propuestas de cambio. Malos tiempos para la cultura: Natali Roque Sandoval, directora de la Hemeroteca Nacional, es destituida por “expresar su repudio al golpe y el desconocimiento de la autoridad de facto de la nueva Ministra de Cultura, Iris Castro[6].  La mencionada Iris Castro, con minúsculas ministra de cultura, condena como subversivas obras fundamentales del acervo literario del país, según relata la escritora Isabel Umaña [7].  Isabel vive en esta coyuntura su tercer exilio: su familia fue expulsada a Guatemala por la dictadura de Tiburcio Carias, en 1944, cuando tenía dos años de edad. La persiguió el terror de Lucas García en la eterna primavera chapina de inicios de los años 80.

Hoy es otra vez testigo de la reducción de espacios, de la nueva frontera de la inseguridad política: "Qué suerte puede esperarle ahora en este país a un simple transeúnte de la vida, a un hondureño de a pie, si el Presidente de la República fue sacado a tiros de su casa no por violar la ley, como afirman los fariseos, los leguleyos y los lacayos, sino por oponerse al negocio de las térmicas, a la venta de armas –en violación de la constitución- por sociedades civiles a las fuerzas armadas. Por oponerse y cortar las compras sin licitación que hacían a las droguerías de los golpistas los gobiernos anteriores para abastecer los hospitales públicos” [8]. Los golpes de Estado visibilizan lo peor de las sociedades: intolerancia, verticalismo, arbitrariedad, violencia…

Muy malos tiempos para la escritura: Delmer López, “No estamos para análisis de crítica literaria, estamos para elaborar mensajes de respuesta rápida en contra del golpe de Estado…Pienso escribir y montar una obra de teatro, la llevaremos a los escenarios de espacio libre para que Honduras nunca olvide a los traidores” [9].  Roberto Quesada, novelista anticipadamente exiliado: “El golpe en Honduras puede ser un aviso contra los que piensan en su libertad[10].

Pésimos tiempos para el debate político. Las propuestas se simplifican, disfrazan, ocultan, tergiversan: la posibilidad de una reforma constitucional se reduce a la opción de la reelección de Zelaya, por otra parte matemáticamente imposible. Los principios se flexibilizan: lo que es nocivo en un lugar se aplaude en otro (reelección del Presidente Uribe en Colombia), la reforma constitucional es rechazada en Honduras por los mismos sectores que la proponen para Guatemala. La oposición se criminaliza y los criminales alcanzan el poder:

Los malhechores públicos convertidos en
héroes
y en familias pudientes,
elevados
sobre grandes pedestales de hierro,
invisibles,
imponen a fuego lento la rueda alucinante
de una moral silbada [11].

El lenguaje pierde rigor: un Presidente expulsado por la fuerza se convierte en destituido; los golpistas en gobierno interino; el golpe en sí una forma de combatir la “dictadura zelayista”: “Mal precedente el de un gobernante legítimo, derrocado por un golpe espurio, que termina siendo acusado de violar la Constitución y por ese subterfugio es equiparado con el gobierno de los golpistas. Tan defensor como violador de la Constitución es uno como el otro en el esquema de diálogo que se impuso después del golpe” [12].  

Las horas bajas de la democracia
El golpe en Honduras debilita el consenso democrático existente en el país desde 1982 y desde 1984 en el resto de la región [13]. No me refiero al nunca consolidado consenso o apuesta por la democracia real y participativa, la democracia de los colectivos frente a las corporaciones, sino a la limitada democracia formal y representativa vigente (separación de poderes, elección de gobernantes por sufragio directo y universal, carácter no deliberante del Ejército), que también está en riesgo y deja de ser paradigma. Los gobiernos dictatoriales comienzan a volverse políticamente correctos.  

El esquema autoritario parece ser la respuesta de las elites en esta etapa caracterizada por:  

crisis del capitalismo actualmente existente,

minería-agrocombustibles-forestación-agua como nuevo eje de acumulación en la segunda fase del neoliberalismo [14]

fortalecimiento de gobiernos progresistas y movimientos sociales,

crítica y oposición antineoliberal,

propuestas de transformación integral del sistema y la civilización capitalistas.   

En este esquema confluyen la dinámica local del golpe (intereses oligárquicos parcialmente amenazados), la regional (cuestionamiento del esquema de dominación en el área centroamericana, especialmente en El Salvador) y la continental, donde el golpe funciona como medio para la redefinición de fuerzas: gobiernos conservadores frente a fuerzas progresistas: “La ruptura institucional en Honduras también reveló que en la región existen cerca de un centenar de hidroeléctricas, ríos represados, proyectos para abrir un canal conector entre los dos océanos y la habilitación de puertos secos. El cierre del círculo coincide precisamente en Honduras con la ola privatizadora de todas las fuentes de energía. Es un volcán activo, donde la política depende de factores internos para conciliar y facilitar las maniobras del capital transnacional interesado en saquear de manera inmisericorde las riquezas de la biodiversidad y recursos naturales estratégicos, y del aval externo por parte de los agentes económicos y militares de los Estados Unidos, otorgado a cambio de inversión, custodia con bases y operativos que legitiman la depredación absoluta de los países del área[15]. Estos poderosos intereses posibilitan la permanencia de los golpistas y la difícil reversión de sus medidas de hecho.   

Malos tiempos pero no tan malos: para los futuros literatos, que sin mayor esfuerzo retratarán, al estilo de los grandes tiranos de novela, esta época nueva de dictadores y gorilas, debiendo procurar apenas que su escritura no desmerezca la esperpéntica fantasía de lo real.

Fecundos, ubérrimos diría Rubén Darío, para los humoristas: "No hubo golpe, sino la unión del Ejército, corte, congreso y televisión para retornar a Honduras al Estado de derecha" [16].

Tiempos mejores para la visibilización de una problemática y una historia olvidadas: la pobreza, la marginación, la dependencia de los países centroamericanos, sardinas en un mar de uno o varios tiburones, como relató Juan José Arévalo [17].

En fin, tiempos de polarización, agresión, represión, cierre de espacios, confusión. Por otro lado, de innovación, creatividad, posibilidad de ruptura, reinvención de proyectos utópicos, alianzas y luchas continentales como las estratégicamente generadas a través de Vía Campesina, intentos de reversión de la llamada victoria ideológica del neoliberalismo (caracterizada por la sobrevaloración de lo individual, la negación de lo colectivo y lo público, fundamentalismo, el pragmatismo resignado [18]). Esto, tras un largo período de democracias insatisfactorias que sucedieron a gobiernos militares y a poderes ejercidos de forma excluyente.

Un antes y un después
Para Emir Sader, América Latina atraviesa una encrucijada: la posibilidad de una restauración neoconservadora o la profundización del ciclo y las luchas antineoliberales. El golpe de Estado en Honduras se inscribe en esta dinámica: anticipa un ciclo de neogolpismo como fórmula para contener dinámicas sociales opositoras y conflictivas. Por ello, plantea la necesidad de demostrar que “los tiempos cambiaron, que los golpes militares serán derrotados por el pueblo organizado”[19].

Se define un nuevo contexto para un nuevo ciclo de luchas. La respuesta social popular ante el golpe hondureño y los latentes debe, en primer lugar, complejizar las estrategias frente a un poder igualmente complejo [20]. En segundo lugar, vincular dinámicas locales y globales, sin perder la especificidad y las razones internas de cada una de ellas (de forma que la dinámica geopolítica complemente y no condicione la resistencia). En tercer lugar, debe partir de la diversidad de actores, con un esquema de participación horizontal, sin caer en la tentación de la priorización de luchas y la centralización (la oposición a los golpistas vinculada a las demandas de mujeres, comunidades indígenas y urbanas, estudiantes, etc). En cuarto lugar, debe plantear el no retorno a situaciones preexistentes (paz social artificial, consensos construidos sobre el despojo, estancamiento social y parálisis democrática) sino la necesidad de un salto hacia delante, hacia la construcción de sociedades, Estado y poderes nuevos.

Lo anterior es particularmente relevante en el caso de Guatemala, porque modifica el marco político posfirma de la paz y obliga a su redefinición estratégica. Dictaduras formales y democracias de fachada que no generan consensos, o revoluciones sociales. ¿A qué le apostamos?


Cien días y quinientas noches de lucha
5 de octubre de 2009

Cinco de octubre: el arribo a los cien días de resistencia permanente al golpe de Estado implica una victoria estratégica del movimiento popular hondureño y latinoamericano, o de sus movimientos sociales articulados, independientemente del curso posterior de los acontecimientos.

Las movilizaciones sociales rompen o al menos cuestionan y debilitan un esquema de interpretación del conflicto (y por tanto de solución), que lo reduce y simplifica presentándolo como: disputa entre personas y caracteres; confrontación acerca de la reelección del Presidente Zelaya; territorio de lucha entre demócratas y pro-chavistas. Un esquema que invisibiliza al actor pueblo, no sólo como colectivo organizado sino como sujeto de demandas y propuestas [21].

La resistencia popular obliga, por el contrario, a considerar a los movimientos sociales como actores sine qua non para una solución política y, sobre todo, a considerar sus propuestas transformadoras. Es decir, obliga a repensar Honduras en términos de su refundación, y no sólo en términos del retorno institucional y legal  al país existente el 27 de junio de 2009: “Nuestra lucha comienza con la restitución del Presidente Zelaya Rosales en el poder, seguida de la convocatoria de una Asamblea Constituyente, democrática, incluyente y popular, que emita una nueva Constitución para sentar las bases de nuestra verdadera independencia económica y social, haciendo que la Oligarquía, junto con la cúpula político-militar jamás vuelvan a romper el orden constituyente” afirma la Proclama en el Día de la Independencia Centroamericana del Frente Nacional Contra el Golpe de Estado. Compromiso reafirmado el día 27 de septiembre, tras la clausura de dos medios de comunicación antigolpistas: Renovamos nuestro compromiso de mantener la lucha popular, hasta lograr la refundación de Honduras como país en ruta hacia la liberación de las oligarquías que han oprimido históricamente al pueblo hondureño”. Paradójicamente, el golpe, en buena medida precipitado por el temor a la propuesta de una asamblea constituyente [22]está fortaleciendo la dinámica transformadora y superadora del orden actual, simbolizado en la constitución emitida bajo tutela militar.

Camino sin retorno    
El camino fundacional y transformador elegido por las organizaciones sociales parece no tener marcha atrás. No obstante este camino, que define una alternativa, es en sí mismo generador de nuevas polarizaciones. Para los sectores dominantes parece inconcebible un retroceso visualizado en términos de derrota frente al dinamismo de los movimientos sociales. Por tanto, utilizarán todos los medios posibles para la continuación de la institucionalidad golpista o al menos para la negociación de espacios de poder pos golpe: es decir, el golpe sin los golpistas o el “gorilismo sin gorilettis”. Incluso, promoviendo la hegemonía de las tesis golpistas de democracia tutelada (cívico-militar) y legalidad desconocedora de derechos universales [23]en un eventual retorno de Zelaya a la presidencia. Si el movimiento hondureño concibe su lucha en etapas, también los sectores de poder visualizan enfrentamientos continuos y graduales, que no excluyen la violencia indiscriminada.  

Retos y alternativas
Se opera, a partir de la movilización y el salto cualitativo de la organización social, la modificación del escenario de lucha, que trasciende el esquema con Zelaya o sin Zelaya. El retorno de Zelaya al país y a la Presidencia es una batalla simbólica significativa, pero la confrontación real se sitúa en términos de la discusión de las propuestas de refundación “popular” de Honduras. En este contexto se perfilan nuevos intereses y realineamientos: de las fuerzas promotoras del golpe, de sectores anti golpistas no comprometidos con la refundación del país, de la comunidad internacional, casi unánimemente unida en la condena al golpe pero no homogéneamente identificada con un idéntico escenario posmicheletti (y, en algunos casos, temerosa de las movilizaciones y las propuestas de fin del dominio de las oligarquías, que incluyen sin explicitar el fin del dominio de las oligarquías trasnacionales).

Este escenario obliga a nueva acumulación de fuerzas; al fortalecimiento del trabajo ideológico y político; a la construcción de propuestas de una nueva sociedad (por tanto, a un ejercicio de consenso e integración de visiones diversas); al mantenimiento de la unidad en la diversidad, que refleje el país de todas y todos; a la sabia pero difícil combinación de lucha en “las urnas, la calle y la negociación” [24] a la continua redefinición y valoración de intereses de los diferentes actores y alianzas; a la superación de la inminente cooptación electoral; en fin a nuevas estrategias de respuesta, dinámicas, complejas. Esta nueva fase de la lucha por la transformación es políticamente más delicada que la fase de monolítica resistencia anti golpista. Cien días hasta ahora. Faltan por lo menos quinientas noches.


La historia (y la democracia) al revés
30 de noviembre de 2009

En la Democracia Patas Arriba, de la República Confusa, donde se cuenta la Historia Al Revés, las elecciones son precedidas por una intervención militar.

En la Historia Confusa de la Democracia Al Revés, gobernantes impuestos por una intervención militar convocan a elecciones libres y democráticas.

En la República Al Revés y Patas Arriba de la Democracia Confusa, ciertos países de la comunidad internacional cuyos nombres empiezan por i y acaban en mperialismo o ntervencionismo, avalan procesos electorales convocados por gobiernos surgidos de una intervención militar. Es decir y sin elipsis: legitiman golpes militares. 

Fuera ironías: la historia al revés reduce y simplifica la democracia, convirtiéndola en el acto de depositar el voto, incluso en contextos antidemocráticos como el que se vive en Honduras desde el 28 de junio: bajo amenaza militar, con intromisión extranjera durante el golpe y después, en condiciones de represión política: “son treinta las personas que han sido asesinadas a raíz del golpe de Estado, nueve de las cuales en el último mes, y a esto hay que agregarle los más de 4 mil casos de violación a los derechos humanos”, afirma Bertha Oliva, del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras, Cofadeh. Añade: “Estamos muy preocupados porque estamos viviendo una verdadera guerra de baja intensidad. Siguen las detenciones arbitrarias, hay persecución diaria contra dirigentes magisteriales, y en las comunidades, barrios y colonias, han puesto retenes militares en todas las carreteras y artefactos explosivos en diferentes puntos de la capital para generar tensión y justificar la represión”  [25]

En estas condiciones, se impone una concepción utilitarista de la democracia. Se privilegia el instrumento (voto) sobre el fin (capacidad de elección); se disocia lo primero de lo segundo, de manera que votar no implica decidir, sino sancionar lo previamente acordado en otros ámbitos (minoritarios y con uso de la fuerza). Predomina el momento (el acto de depositar un voto, limpiamente dirán los observadores internacionales) sobre el proceso: la democracia como búsqueda de la justicia, construcción colectiva y permanente, más allá del domingo electoral. Se reduce la democracia a la voluntad de aquellos que depositan el voto, independientemente de su cantidad y el contexto, frente a quienes no lo hacen: paradójicamente, la mayoría [26]. Se sobrepone el individuo que vota sobre la colectividad que exige otras reglas de juego. La “nueva” democracia caricatura de sí misma colinda peligrosamente con la dictadura.

En fin, la libertad patas arriba: el ejercicio minoritario y bajo tutela armada del voto genera un proceso democrático, según la opinión de Estados Unidos y otros países como Costa Rica, incluso España, que no “reconoce elecciones pero tampoco puede ignorarlas”, según la ambigua expresión del Ministro de Asuntos Exteriores [27]¿Empiezan a dominar los intereses económicos sobre los principios?  

Disculpen,  pero ¿no debería ser de otra forma?  Es la existencia de condiciones de libre información (sin radios o canales de televisión clausurados), participación (sin líderes sociales amenazados o asesinados), neutralidad permanente y no circunstancial del Ejército, la que genera un proceso electoral y por tanto un nuevo gobierno legítimo, y no al revés. 

El golpe empezó el 17 de noviembre
Necesitamos reescribir la historia. Los hechos, oficial y aparentemente ocurrieron de esta forma:

el 28 de junio políticos y militares expulsan al presidente Zelaya y modifican de forma violenta la estructura de poder (golpe de estado),  

la comunidad internacional (incluyendo en la comunidad internacional a Estados Unidos con sus ambigüedades) condena inicialmente el hecho y aísla al gobierno de facto,

el 21 de septiembre la lucha de la resistencia y el retorno de Zelaya imponen una negociación y el Acuerdo Tegucigalpa-San José que obliga, entre otros puntos, a la reinstalación de Zelaya (aunque no revierte el golpe),

el acuerdo se incumple en este punto, se acercan las elecciones…

el 17 de noviembre Estados Unidos anuncia su respaldo al proceso electoral y al gobierno electo en este proceso, aplazando hasta diciembre la restitución de Zelaya. Kelly, enviado de Estados Unidos a Honduras, confirma en esa fecha que Washington apoyará las elecciones generales, porque "nadie tiene el derecho de quitar al pueblo hondureño el derecho de votar y elegir a sus líderes. Esa es una parte importante de la democracia y he notado el entusiasmo en el país, que avanza hacia las elecciones del 29 de noviembre" [28]

Veamos la historia de atrás hacia adelante: el anuncio por parte de Estados Unidos un día miércoles 17 de noviembre de la aceptación de las elecciones y del gobierno surgido en este contexto irregular e ilegal, es  el mensaje que esperan los golpistas para sacar violentamente del gobierno a Zelaya. ¿No puede ser así? Créanlo, porque en la República Confusa e Invertida los hechos se analizan desde el final hasta el principio y se imponen otras dimensiones espacio-temporales.

El golpe refuerza lo que pretendía anular
Lo que no cambia en la democracia al revés es el futuro: tras la legitimación del golpismo, se fortalece la extrema derecha, se abre un escenario de involución en el continente y de soluciones político militares. Pero se abre también una fase de incremento de las resistencias populares y de propuestas nacionalistas frente al intervencionismo y la hegemonía estadounidense.

La institucionalización del golpe redefine el polo de las propuestas y las apuestas populares en Honduras: de la restitución de Zelaya táctica y estratégicamente prioritaria hasta el 29 de noviembre, se transita al desconocimiento del nuevo gobierno y la nueva institucionalidad, la exigencia de un nuevo proceso electoral, la posible formación de gobierno-s paralelo-s populares, la lucha extralegal por parte de algunos sectores y la refundación de Honduras a partir de la cada vez más creciente solicitud de reforma constitucional (solicitud que el golpe y las elecciones quisieron invalidar): la resistencia se complejiza.

Estas resistencias deben reinventar la República, poner patas abajo la democracia actual (es decir, firme con sus cuatro pies sobre la tierra) y sobre todo empezar a caminar desde el ayer hasta el mañana: sabemos que el progreso no es lineal, que la utopía se aleja dos pasos por cada uno que avanzamos pero también sabemos que la democracia debe tener principios y valores firmes, al contrario de la relatividad ética y legal que predetermina el golpe de estado en Honduras. Estos principios son participación social, predominio del poder civil, búsqueda de la justicia, respeto a la soberanía de pueblos y naciones, defensa de los derechos de las mayorías y las minorías, en un marco de fin del dominio de las elites económicas, procesos de refundación de los anteriores Estados y de transformación de las relaciones de poder.

Paradójicamente, el domingo 29 de noviembre estos principios democráticos se manifestaron con la inasistencia a las urnas, con el desconocimiento del voto, con el silencio masivo y fuera del marco partidario-electoral, lo que hace evidente la necesidad de reinventar la democracia representativa y electoral tal y como la hemos conocido hasta ahora.

El camino transformador y refundador desde abajo es largo, complejo y trastabillante, pero inevitable. En “Patas arriba, La escuela del mundo al revés”, Eduardo Galeano retrata este afán de lucha continua y “resurrección inexplicable” de los pueblos latinoamericanos:

Dicen que hemos faltada a nuestra cita con la Historia, y hay que reconocer que nosotros llegamos tarde a todas las citas.

Tampoco hemos podido tomar el poder, y la verdad es que a veces nos perdemos por el camino o nos equivocamos de dirección, y después nos echamos un largo discurso sobre el tema.

Los latinoamericanos tenemos una jodida fama de charlatanes, vagabundos, buscabroncas, calentones y fiesteros, y por algo será. Nos han enseñado que, por ley del mercado, lo que  no tiene precio no tiene valor; y sabemos que nuestra cotización no es muy alta. Sin embargo, nuestro fino olfato para los negocios nos hace pagar por todo lo que vendemos y nos permite comprar todos los espejos que nos traicionan la cara.

Llevamos quinientos años aprendiendo a odiarnos entre nosotros y a trabajar con alma y vida por nuestra propia perdición; y en eso estamos; pero todavía no hemos podido corregir nuestra manía de andar soñando despiertos y chocándonos con todo, y cierta tendencia  a la resurrección inexplicable”.


Elecciones: 
un paso atrás para tomar impulso
20 de diciembre de 2009

La afirmación por parte de representantes de la Unión Europea de que las elecciones en Honduras constituyen un “paso adelante” [29] obvia reflexiones fundamentales desde el punto de vista de la democracia, la participación popular, el juego limpio o la ética política. 

En primer lugar, no considera el carácter ilegítimo y anormal de un proceso desarrollado a partir de una intervención militar.

En segundo lugar, omite en el análisis las irregularidades ocurridas durante la campaña electoral: fueron clausurados medios de comunicación y estuvo en vigencia durante periodos prolongados un toque de queda que restringió libertades fundamentales. Asimismo, omite la existencia de casos de personas capturadas, detenidas, asesinadas, y de mujeres violadas [30]

En tercer lugar, no tiene en cuenta los vacíos democráticos durante el día E, el día de las elecciones, cuando la votación fue reducida (hasta la fecha de redactar este artículo, el Tribunal Supremo Electoral de Honduras no ofrecía en su página web datos de votantes, votos nulos y blancos y número de votos del candidato ganador, en un intento de ocultar con el silencio la evidencia de la no participación) [31]

La opinión de la UE puede ser calificada como doble rasero, pues justifica y valida en Honduras lo que no es democráticamente aceptable a lo interno de la UE y en cada uno de sus países miembros. También es una opinión donde predomina el cálculo de intereses sobre los valores y principios. En este sentido, el balance entre costos y beneficios de seguir apoyando el compromiso con la democracia (en lo inmediato, el retorno de Zelaya y el desconocimiento del proceso electoral) sobre los beneficios y costos de mirar hacia adelante y apoyar al nuevo gobierno, resultó favorable al segundo. Este balance compromete los intereses económicos de transnacionales, la negociación urgente del Acuerdo de Asociación, así como intereses geoestratégicos, y se define también en el marco de luchas hegemónicas entre empresas y gobiernos europeos, con visiones no unánimes sobre el golpe, el gobierno electo, etc.

La decisión de la UE (más que una opinión, una declaración de compromiso, agenda y ruta política) tiene consecuencias para el ejercicio democrático, puesto que, al subordinar la participación social y las libertades individuales y colectivas a las coyunturas y las agendas económicas, termina por desdibujar la democracia: se avala como democrático un proceso electoral sin participación social, con represión y bajo tutela militar. La opinión refuerza una cierta ética weberiana en las relaciones entre países y el ordenamiento internacional, esa ética que nos remonta a la idea de que el fin justifica los medios. ¿O cabe hablar de ética Obamiana? ¿Si existen guerras justas, dictadas por imperativos morales, como afirmó el presidente estadounidense Obama a recibir el Premio Nobel de la Paz, pueden tener cabida golpes de estado justos, dictaduras necesarias?
 
La ambigüedad democrática de la UE abre un nuevo frente de análisis y lucha, donde la centralidad no es solamente la revisión de los mecanismos y el papel desempeñado por Estados Unidos, sino la bipolaridad del enfrentamiento con empresas y gobiernos europeos, corresponsables por acción y por omisión de la legitimación del golpismo del siglo XXI en Honduras y en Latinoamérica, y de la actual quiebra democrática.

Este nuevo frente requerirá fortalecer la capacidad investigadora sobre las redes golpistas, más allá de lo conocido hasta ahora: las empresas e intereses económicos europeos en Honduras, tanto directos como de carácter geoestratégico; la conexión de estos intereses con las políticas de gobiernos e incluso las políticas de cooperación, antes y después del golpe; y sobre todo, la vinculación golpe de estado-Acuerdo de Asociación.

Al contrario de lo que afirma la UE, la democracia retrocedió en Honduras, el 28 de junio y el 5 de noviembre. No fue un paso adelante sino un paso atrás. Pero, atención, desde el punto de vista de la movilización social, un paso atrás para tomar impulso. Es decir, la demostración de que la actual práctica democrática es un traje a la medida que legitima sociedades con hambre y ejecutivos militarizados, obligará a una redefinición y reconceptualización de la democracia y a una profundización de las luchas por redemocratizar desde lo social, lo colectivo y lo popular (no desde lo electoral e institucional). Es decir, la exigencia de la restitución de Mel Zelaya como símbolo de la continuidad y el compromiso democrático, la exigencia del retorno a la legalidad e institucionalidad existentes antes del 28 de junio, se convierten ahora en exigencia de transformaciones estructurales, de construcción de nuevos paradigmas democráticos: de refundación del país.   

Que lo importante (la democracia) 
no vaya en detrimento
de lo urgente (los negocios)
30 de enero de 2010

El anunciado reconocimiento del gobierno de Porfirio Lobo por parte de Guatemala y otros países  [32] implica la desvalorización de la lógica democrática. Por dos razones fundamentales: desconoce el “pecado original” de un gobierno sucesor de un ejecutivo golpista. Desconoce la votación minoritaria obtenida por Lobo el 29 de noviembre y, por tanto, su escasa representatividad.

El reconocimiento soslaya hechos antidemocráticos ocurridos entre el 28 de junio de 2009 y el 27 de enero de 2010, exactamente en un periodo de siete meses: la captura y expulsión ilegal del presidente Zelaya (ilegítima y antidemocrática incluso en el caso de que el mandatario fuese proclive al autoritarismo o al presidencialismo: es el pueblo el que debe tomar la decisión de la revocatoria); la restricción de libertades; la represión; la tutela del Ejército y por tanto del uso de la fuerza durante el proceso electoral, entre otras anomalías. Precisamente los delitos por los que Zelaya es acusado, incluso después de su partida a República Dominicana, deben ser estrictamente atribuidos a sus acusadores: delito contra la forma de gobierno, traición a la patria, falsificación de documentos públicos, uso y abuso de autoridad, fraude al emitir decretos de emergencia y retirar dinero para gastos de publicidad, además de usurpación de funciones [33]

Considerar al nuevo ejecutivo como muestra de la superación del golpe y la normalización democrática implica elipsis y amnesia históricas, oficializadas con la amnistía para los militares directamente implicados en la captura y expulsión de Zelaya.

¿Qué intereses se mueven alrededor del acelerado reconocimiento de la nueva presidencia? En el caso de la Unión Europea, el cálculo mercantil-comercial: la urgencia por firmar un Acuerdo de Asociación, para justificar lo cual se califica de positiva la evolución de la crisis hondureña [34]En el caso de Estados Unidos, el cálculo geoestratégico, que considera a Honduras como pieza clave en un tablero donde se reconfigura el proyecto hegemónico estadounidense.

En el caso de Guatemala, el cálculo mercantil-político: cabe analizar el reconocimiento en el marco de las reanudadas negociaciones con el empresariado; y en el marco de un intento de recomponer alianzas con vistas al próximo periodo electoral. El reconocimiento implica una concesión fundamental a algunos de los críticos más persistentes del actual gobierno, aglutinados en la Cámara de Comercio, favoreciendo a aquellos que, por medios diferentes al hondureño, intentaron quebrar la institucionalidad actual, promoviendo o aprovechando el asesinato y las acusaciones emitidas en el video de Rodrigo Rosemberg. Supone también un guiño especial para el Alcalde Arzú, defensor del golpe y su lógica subyacente (las democracias duras o las dictaduras de fachada civil), guiño que tiende a fortalecer una alianza preelectoral de intereses estratégicos: Arzú como garantía del voto duro y conservador capitalino; Colom como instrumento de la proyección nacional del Alcalde. Igualmente, supone la devolución del favor por la discreta actitud asumida por el Alcalde durante el ensayo desestabilizador de mayo. En este marco, los principios se sacrifican en función de alianzas coyunturales que, al mismo tiempo, debilitan la unidad anti golpista latinoamericana.

El hiper pragmatismo, la inconsistencia, las decisiones discontinuas, las conveniencias inmediatas, legitiman a los promotores del neo golpismo y el neoconservadurismo en América Latina. Lanzan el mensaje de que la democracia debe ser tutelada, dirigida y finalmente restringida por y en función de intereses oligárquicos sectoriales. Así, se proponen para la región “dictaduras constitucionalistas” instrumentalizadas a través de “golpes militares institucionales” [35]

La alternativa a la legitimación golpista debe ser la refundación democrática: un marco en el que los derechos colectivos se impongan sobre los intereses sectoriales; y los principios predominen sobre concepciones casuísticas de la democracia y el derecho.


El AdA contra Honduras
20 de mayo de 2010

La firma del Acuerdo de Asociación Unión Europea-Centroamérica (AdA), con la rúbrica de Honduras y en presencia del gobernante de facto, Porfirio Lobo, implica el reconocimiento del golpismo hondureño y legitima futuros quiebres autoritarios en la región. Un Acuerdo firmado sin condicionamiento ni cuestionamiento al golpe de estado y su mecanismo de sucesión (elecciones realizadas bajo represión y restricción de libertades, con baja participación, continuidad de actores y políticas, fortalecimiento del poder del ejército) debilita principios democráticos, lanzando un mensaje de permitida regresión.  

El 19 de mayo, fecha de la firma en Madrid, convierte el golpe de estado de 28 de junio en un estado de golpe: es decir, el intento de consolidar un paradigma involucionista, con legitimación del uso de la fuerza frente a la voluntad popular. Este paradigma se fundamenta tanto en consideraciones geoestratégicas (contención frente a luchas sociales y gobiernos progresistas), como internas: reconfiguración de actores y del modelo capitalista, en crisis y transición.

El golpe de estado en Honduras se reduce a anécdota, ante la importancia de los intereses económicos en juego. Las necesidades de los mercados se anteponen a los valores e intereses colectivos: para Europa, se garantiza el retorno de inversiones, el desarrollo de telecomunicaciones, banca, energía, agrocombustibles (ya libres de aranceles), acceso a la biodiversidad, acceso a contratos y licitaciones públicas  (igualmente favorecido por el recién aprobado Decreto Ley 6-2010, Ley de Participación Público Privada en Materia de Infraestructura [36]). Implica un beneficio económico directo para grandes empresas, que obtienen la mayoría de sus utilidades en Latinoamérica: Endesa, 44%; Telefónica, 45%, Iberdrola, 25%. Genera un beneficio geopolítico (en un territorio en disputa con Estados Unidos, Rusia, China, Brasil, Colombia y los gobiernos progresistas del Sur). Es decir, el AdA alcanza una dimensión estratégica, amplificada en un contexto de crisis, más allá de las reducidas cifras de comercio regional bilateral.

Para Centroamérica, o para las empresas centroamericanas, el AdA supone oportunidad de alianzas con transnacionales y gobiernos europeos;  diversificación de actividades, sin modificar su naturaleza primaria agroexportadora dependiente; y nuevos mercados-cuotas de producción, que no representan beneficios colectivos, pero sí incentivan procesos de acumulación de las corporaciones económicas hoy predominantes. 

La reacción inicial en Centroamérica y países de la Unión Europea,  especialmente España, fue de condena al golpe y suspensión temporal de las negociaciones del AdA. En la práctica el calendario se mantuvo inmutable: se firmó en el cierre de la Cumbre de Presidentes Unión Europea-América Latina, contra viento, marea, sol, crisis, amenaza de estallido de la moneda común europea, volcanes encenizados, casi terremotos generalizados, y aquiescencia de todos los presidentes centroamericanos, incluidos los considerados de izquierda.

El guión pre-escrito tampoco sufrió modificaciones. Se negoció y firmó, con pequeñas variantes, lo ya acordado y de interés mutuo: es decir, la promoción de inversiones europeas en la región, en alianza con oligarquías locales, a las que se subordinan gobiernos y sistema político. Esto, a cambio de una leve apertura comercial para ciertos productos de Centroamérica.

En este marco de intereses, la firma del AdA y el reconocimiento del  golpismo en Honduras trasciende una lectura circunstancial y local. El AdA refuerza poderes económicos tradicionales, al mismo tiempo que favorece su reconfiguración, y refuerza los poderes políticos correspondientes, de carácter jerárquico-excluyente-autoritario, a través de un Estado corporativizado y un sistema político generador de exclusión. El golpismo, el estado de golpe como proyecto, puede partir de la institucionalidad democrática existente y convivir formalmente con algunas de sus normas, pero también pretende concretar el recorte de libertades y de lo público en nuevos textos constitucionales (ejemplo, Pro Reforma en Guatemala).

El desarrollo del AdA se beneficia o precisa eventualmente de un marco legal autoritario, o una salida autoritaria como garantía de estabilidad de inversiones. No sería entonces casual la coincidencia entre la firma del AdA, la presencia de Pepe Lobo en Madrid, y la finalmente cancelada conferencia del golpista Micheletti en Guatemala (el mismo 19 de mayo, para mayor simbología). Se está promoviendo este neogolpismo y neoautoritarismo del siglo XXI en Honduras y más allá de Honduras, con su normatividad desarrollada, sus alianzas recién firmadas y su discurso y liderazgo en construcción.


[1] El Grupo Terra de Honduras, presidido por Freddy Nasser Selman, está enfocada a inversiones en el área de energía, petróleo, químicos, infraestructura, servicios y telecomunicaciones. El grupo CECSA (Comercializadora de Electricidad Centroamericana de Honduras) de Leonel López Rodas, tiene inversiones en ambos países. Otro ejemplo: en 2006, Cementos Progreso compró el 48% de las acciones de Cementos del Norte (CENOSA).

[2] “Los nuevos modos de dominación y los cambios en el modelo neoliberal. Crisis de las viejas formas de dominación y el avance hacia los modelos soja-minería-forestación”. Raúl Zibechi, mayo 2009.

[3] “La quinta libertad. La política internacional y de seguridad de Estados Unidos”. Noam Chomsky, 1987.

[4] Concretada en la llamada Guerra del Futbol, de 1969, pero fruto de situaciones de pobreza, diferencias sociales entre países y tensiones entre oligarquías.

[5] “Honduras: ensayo del neo-golpismo en América Latina”, Isabel Rauber, Rebelión, 30 de junio de 2009.

[6] Declaraciones a prensa electrónica de la interesada.

[7]Delitos de lesa cultura”, artículo de Isabel Umaña difundido vía electrónica.

[8] http://arlequinhn.blogspot.com/2009/02/entrevista-helen-umana-el-cancer-no-me.html

[9] Délmer López es escritor, director, actor de teatro, cofundador de la ONG País Poesible.

[10] /www.elperiodico.com.gt/es/20090809/portada/109875/

[11] Roberto Sosa en “Un mundo para todos dividido”, poemas escritos en 1971 como demostración de que en todo momento la vida imita a la literatura.   

[12] “Honduras y la ocupación del continente”, Ana Esther Ceceña, en “Golpe de Estado en Honduras, ¿Laboratorio de dictaduras siglo XXI?”, Especial ALAI.

[13] Fecha del fin del ciclo de gobiernos militares en Guatemala.

[14] “Los nuevos modos de dominación y los cambios en el modelo neoliberal. Crisis de las viejas formas de dominación y el avance hacia los modelos soja-minería-forestación”. Raúl Zibechi, mayo 2009, mimeo.

[15] “Honduras, factor estratégico que cambió el rumbo de América Latina”, Robinson Salazar Pérez en ALAI, Op. Cit.

[16] Allan McDonald, caricaturista hondureño.

[17] “Fábula del tiburón y las sardinas”, editado por vez primera en 1956.

[18] Término acuñado por el sociólogo nicaragüense Andrés Pérez Baltodano.

[19] “Honduras, antes e despois do golpe”. En Carta Maior, 1 de agosto de 2009.

[20]  Definición de Atilio Boron, sociólogo argentino. 

[21] Este esquema es difundido por los sectores golpistas pero también por importantes medios de comunicación internacional, como El País de España. 

[22] El  intento de las elites de prevenir transformaciones abruptas en el esquema de poder, a partir de la reforma de la constitución operativizada por la consulta de la cuarta urna, fue detonante del golpe de 28 de junio. Como razones comunicantes aparecen la lucha por recuperar espacios de poder –tensiones intraoligárquicas-, el manejo autoritario de la crisis económica y social y, en el marco geopolítico, un ensayo de nuevos mecanismos de dominación: procesos cívico militares que garantizan la acumulación económica, aún a costa del debilitamiento de los mecanismos democráticos y el consenso social.

[23] Principios similares a los defendidos en Guatemala por el Alcalde Álvaro Arzú y por Pro Reforma.  

[24] Eugenio Sosa, “Calles, negociaciones y urnas o los desafíos del Frente Nacional de Resistencia”, en www.rebelion.org, 27 de septiembre de 2009.

[25] En “Esta dictadura es peor que la de los años 80”,  Giorgio Trucchi, Rel-UITA / Rebelión. A estos datos hay que añadir 83 detenciones y una persona muerta durante la jornada electoral, según Andrés Pavón, presidente del Codeh, Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras.

[26] El Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Honduras ha señalado que la participación en las elecciones organizadas por el Gobierno "de facto" de Roberto Micheletti ha sido del 61,3%, mientras que fuentes de la Resistencia lo sitúan entre 30 y 35%, según  el canal Tele Sur. En el marco de elecciones convocadas por un gobierno golpista, y definidas como clave para su relegitimación, es lícito dudar de la veracidad de los datos oficiales.

[27] El Pais, España. 

[28] Diario electrónico Rebelión y La Prensa, de Honduras. 

[30] Según datos de defensores de derechos humanos, desde el 28 de junio se han producido 228 muertos por lesiones, 668 detenidos en plantones, 3,978 detenidos en el toque de queda.  Por su parte Feministas en Resistencia denuncia que muchas mujeres, durante las detenciones, han sufrido abusos y violaciones sexuales”, en Fotolog. 

[31] Tribunal Supremo Electoral de Honduras. 

[32] Entre otros, la Unión Europea en el marco de las negociaciones del Acuerdo de Asociación, la OEA a través de Estados Unidos, la propia administración norteamericana (con condiciones no explicitadas), el Parlamento Centroamericano. 

[33]http://www.laprensa.hn/Apertura/Ediciones/2010/01/11/Noticias/Manuel-Zelaya-saldria-limpio-con-amnistia.

[34] Declaraciones de Benita Ferrero, Comisaria Europea de Comercio Exterior, en http://radio.emisorasunidas.com/nacionales.php?id=36602.

[35] Francisco Palacios Romero.

[36] Para profundizar en este aspecto, recomiendo el ensayo “Las tramas de las “alianzas público-privadas”, de Jorge Murga Armas,  Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, Universidad de San Carlos de Guatemala, Boletín Economía al día, No. 5, mayo 2010.

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