Patologías sociales
Las tres características que definen la personalidad de Trump, según el artículo adjunto (huffingtonpost.es), son también aplicables al capitalismo global y el pensamiento de la modernidad occidental.
Donde dice psicopatía (falta de remordimiento e insensibilidad) podemos hablar de un sistema económico y social en el que el 1% de la población acumula lujos y superfluidades, a costa de las privaciones del 99% de la población, concretadas en cientos de millones de muertes por hambre y enfermedades prevenibles cada año, y de la destrucción de la naturaleza y la ruptura de los ciclos de reproducción de la vida.
En vez de maquiavelismo, aquella conducta personal definida como el deseo de lograr resultados a toda costa, hablemos de las estrategias políticas en las que el fin justifica los medios y de aquellos sistemas y de actores políticos que sacrifican principios para ejercer el poder, y aceptan de forma reiterada el mal menor.
El equivalente al narcisismo (profundo deseo de admiración y atención) puede ser la creencia (y la imposición violenta) de la forma de vida de la modernidad occidental como la mejor de las posibles, con desprecio a las demás cosmovisiones y maneras de entender y estar en el mundo.
La pregunta reiterada, que es relevante en función de las respuestas a estas patologías sociales, es qué fue primero, la gallina Trump o el huevo capitalismo extractivista y guerrerista que se agranda en la actualidad. Es decir, la personalidad de Trump acelera el capitalismo de la crueldad o es el capitalismo y sus reacomodos cíclicos el que precisa de un gobernante enloquecido para imponer su agenda.
Faltó hablar del alcohólico anónimo (jefa de gabinete de Trump dixit) que no toma pero no deja de chingar.
Andrés Cabanas, 10 de enero de 2026
Palabras a la izquierda, en un mundo de derechas sin derechos
¿Nos quedamos con las verdades oficiales, las palabras supuestamente neutrales, objetivas e imparciales? O exponemos con fuerza nuestra visión del mundo.
Esto leímos (seis titulares recientes de Prensa Libre tras la invasión a Venezuela):
1-Operación militar logra la captura de Nicolás Maduro. El Ejército de EEUU incursiona en territorio venezolano y arresta al presidente y a su esposa.
2- EEUU derroca a Maduro. Ataque militar en Caracas permite arresto del dictador y su esposa, quienes fueron trasladados a Nueva York.
3- Trump reclama acceso total a Venezuela, que llama a cooperar.
4- EEUU inicia proceso legal contra Maduro.
5- EEUU incauta petrolero ruso vinculado a Venezuela.
6- Guatemala aboga por la restauración democrática.
Los titulares que los grandes medios no van a redactar:
1- Operativo paramilitar e ilegal invade territorio venezolano, secuestra al presidente y a su esposa y compromete la libertad y los derechos de la población de Venezuela.
2- El gobierno y el complejo económico-militar de Estados Unidos secuestran al presidente de Venezuela, a través de un operativo paramilitar y sangriento, que provocó al menos 100 muertos.
3-Trump amenaza con el despojo ilimitado de los bienes del pueblo venezolano, especialmente el petróleo existente en su subsuelo.
4-Comienza en Estados Unidos un proceso judicial ilegal y extraterritorial contra el presidente de Venezuela y su esposa.
5-Nuevo hecho de pillaje y saqueo de petróleo de Estados Unidos en aguas internacionales.
6-El gobierno de Guatemala legitima, al no condenar, la invasión de Venezuela. En horas de deterioro fatal de la democracia, la convivencia y los principios a nivel global, la cautela diplomática, no tiene cabida pretender quedar bien con todo el mundo y anteponer el pragmatismo a los principios.
Andrés Cabanas, 9 de enero de 2026
Decálogo del neocolonialismo y el renovado imperialismo de USA
1. El mundo es un espacio lleno de recursos y bienes para satisfacer el modo de vida consumista, derrochador, y en muchos casos superficial, asociado al sueño americano. Todos los recursos pertenecen o sobre todo estos recursos tiene derecho innegociable USA.
2. El poder se basa en la capacidad de utilizar la fuerza, de forma masiva e indiscriminada. El mundo se divide entre quienes tienen poder-fuerza y los que no. A los primeros se les respeta o soporta (Rusia, China…). Contra los segundos se cruzan todos los límites.
3. La diplomacia es el ejercicio continuo del chantaje, la amenaza, la violencia, el desprecio, el lanzamiento de operaciones militares mientras se está negociando (Venezuela), la falta de palabra, el incumplimiento de compromisos, el cambio de las reglas de juego. La diplomacia es la continuación estricta de la guerra, por otros medios.
4. Nunca hubo amigos para los Estados Unidos, menos hoy. Ni los más lacayos y subordinados (Milei), ni las flamantes Premio Nobel de la Paz (Machado) logran un trato igualitario: al contrario, la sumisión genera una espiral de demandas e imposición cada vez mayor.
5. Para USA los territorios son fuente de dinero y las poblaciones que los habitan son simplemente prescindibles. Se lanzan ataques (Gaza como ejemplo máximo, también Venezuela) sin que importen o se valoren los costos humanos. Se trivializa la guerra, se magnifica y exalta el poder de fuego, se deshumaniza la sociedad.
6. La incertidumbre, la volatilidad, la falta de reglas claras, la improvisación en algunos casos, las contradicciones y cambios en discursos y acciones, producen dividendos: ocultan la ignorancia y dejan fuera de juego a quienes siguen apostando por la preeminencia del diálogo y los consensos, en el marco del derecho internacional.
7. Trump y sus estrategas sustituyen el conocimiento del contexto y la inteligencia política por el uso de la fuerza. Para ellos no hay sociedades ni pueblos en movimiento. Su conocimiento de los países se reduce a tres o cuatro ideas esquemáticas sobre sus presidentes. Pero esta ignorancia lleva a cometer errores, por ejemplo, si ignoran el componente popular del gobierno del PT y Lula en en Brasil, o la base nacional-popular que sustenta el proyecto de Morena y Sheinbaum en México (independientemente, en este análisis, de sus vacíos).
8. Trump es un personaje bastante ignorante, hepático, violento, autoritario, egocéntrico, probablemente haya cometido abusos y delitos sexuales durante toda su vida, es un HDMS (hijo de mal semen) pero -parafraseando a un gobernante gringo al referirse al dictador Somoza- es nuestro HDMS. Es el actor que da voz y presencia a una estrategia de dominación y control que renueva las formas e inaugura una nueva fase de acumulación y despojo.
9. El uso de la fuerza y las amenazas permanentes, que pueden ser revertidas en el caso de amenazas económicas como en el caso de los aranceles, son irreversibles cuando implican intervención directa en otros países.
10. El abuso de la fuerza y el poder de un solo país se enfrenta con respuestas multiregionales y alianzas globales, sustentadas en profundos acuerdos en cada territorio. La ignorancia de unos pocos se contrapone con inteligencia y diálogos, el afán de lucro y la deshumanización con sororidad, la violencia y la imposición con consensos y cuidados compartidos.
Andrés Cabanas, 4 de enero de 2026
Trump y Venezuela: cuando la solución es el problema
Lo que decimos y cómo lo decimos, importa, para evitar que el relato del poder terrorista e impune y de la violencia se imponga sobre el relato del derecho a decidir de los pueblos, la convivencia y la paz. Palabra por palabra.
El bombardeo a Venezuela no es ataque sino invasión y agresión, con afectación de la integridad territorial de Venezuela, su soberanía y de las normas del derecho internacional.
Nicolás Maduro y su esposa no fueron capturados, sino secuestrados de manera ilegal, por un grupo de soldados extranjeros terroristas y criminales, que actuaron extrajudicialmente.
La invasión, a pesar de lo que Trump dice, no es un espectáculo televisivo. Este lenguaje legitima la agresión, trivializa la guerra y desconoce la violencia y el costo humano detrás de cada acción de fuerza.
El debate no es el control del narcotráfico, la preocupación por la democracia (en estos tiempos de neofascismos y democracias agotadas) o los flujos migratorios, porque a estas alturas sabemos que el poder de Estados Unidos se sustenta en la criminalidad y el uso constante de la fuerza.
La invasión tiene que ver con el petróleo, pero no es solamente el petróleo. Tiene que ver con la reafirmación del poder de decisión de Estados Unidos en Latinoamérica. La invasión se produce menos de un mes después de la publicación del Corolario Trump a la Doctrina Monroe, que considera Latinoamérica como territorio subordinado y “administrable” por Estados Unidos. Se produce un día después de la visita a Venezuela del enviado especial del presidente chino, estableciendo una línea roja geoestratégica, que ni Rusia ni China podrán traspasar (a cambio de…).
El debate no es Maduro sí, Maduro no, aunque el personaje político no sea de nuestro agrado y algunos consideramos que el proyecto de cambio de Venezuela se malogró por la continuación del extractivismo, el recambio de élites y la sustitución del poder comunitario por un Estado centralizado y burocratizado. El debate es la defensa de la soberanía, la autodeterminación y proyectos políticos y sociales de los pueblos, sin interferencia ajena.
La invasión no es un hecho puntual en el tiempo ni circunscrita a un lugar. Tampoco es el desvarío de un pederasta arrogante y egocéntrico, sino una estrategia de largo alcance, que se manifiesta de diversas formas: presión económica (Argentina, Brasil), intervención electoral directa (Honduras, Ecuador), amenaza de intervención (Panamá), acciones de desgaste para el debilitamiento del apoyo social a gobiernos progresistas (Colombia, México). En Guatemala esta intervención opera hasta ahora a partir de la dependencia económica y el control por parte de Estados Unidos de sectores estratégicos (seguridad, puertos, fronteras, parte de inversiones), sin descartar un intervencionismo mayor en el próximo periodo electoral.
La solución de ahora es el problema, a partir de ahora: la amenaza de intervenciones militares constantes, cada vez más agresivas, y la pérdida de espacios para el desarrollo de proyectos populares en cada uno de los países de Latinoamérica. También en Guatemala, si no tenemos la capacidad de generar grandes movilizaciones sociales articuladas internamente, a nivel regional y continental.
Andrés Cabanas, 3 de enero de 2026
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