Los grupos mafiosos que caen no lo hacen de forma definitiva, puesto que cuentan con espacios de influencia y control institucional. Tampoco caen todas las mafias. Pero los resultados de las recientes elecciones en el Colegio de Abogados y Notarios muestran signos de debilidad en actores dominantes, ya que modifican la correlación de fuerzas en un instrumento clave durante los últimos años para la cooptación del Estado. Esta debilidad y cambio sostenido (desde hace al menos un año) en la organización de abogados y notarios puede ser aprovechada para seguir promoviendo la construcción de una idea y una práctica política orientada al bien común, valga la -hoy por hoy- inevitable ambigüedad sobre lo que esto implica.
Disputas y reacomodos de élites ante los cambios inevitables de autoridades en el Ministerio Público, la Corte de Constitucionalidad, el Tribunal Supremo Electoral y la Universidad de San Carlos han tenido influencia en estos resultados. Pero tenemos una lectura parcial si además no identificamos como factores principales al menos estos tres, de carácter externo:
-la continuación del hartazgo de muchos actores y sectores ante la corrupción desmedida y el poder ejercido de forma obscena y concebido como medio de enriquecimiento personal. En este punto resulta significativo que este hartazgo continúe muy presente desde las movilizaciones de 2015, 2020-21 y 2023, y a pesar del descontento social por los pocos avances frente a la corrupción logrados durante los dos años del gobierno de Arévalo;
-la fortaleza y la relevancia política de sectores profesionales, fundamentalmente urbanos, de convicciones democráticas (no necesariamente demócrata-populares) que continúan apostando a la convivencia, en un marco de acuerdos sociales y políticos mínimos, y a la construcción desde la diversidad de actores y realidades que integran este país. Esta fortaleza es significativa y a contracorriente de dinámicas cada vez más autoritarias a nivel nacional, regional y global, donde el poder se asimila a imposición y uso de la fuerza, y la política hace pedagogía de la crueldad y el desprecio a las otras;
-la capacidad de muchos pueblos, comunidades y organizaciones sociales vinculadas a luchas por transformaciones estructurales y superación del Estado y el modelo neocolonial, de entender el contexto descrito como oportunidad, y visibilizar la potencialidad de estos actores democráticos, y la posibilidad de confluir en acciones y acuerdos coyunturales.
La coyuntura actual prolonga las reflexiones y las preguntas vigentes desde 2023 tras el triunfo electoral inesperado de movimiento Semilla y la interrupción del proyecto depredador-trumpista-dictatorial-ultraconservador Giammattei 2.0, en dos sentidos:
¿De qué manera aprovechamos este momento para fortalecer nuestro proyecto, reorganizar fuerzas amenazadas por la cárcel, el exilio o la ilegalización (como anticipaba hacer el gobierno continuador del de Giammattei), ampliamos nuestra base social y fortalecemos nuestro proyecto estratégico?
¿Es en soledad o es en alianza con otros sectores demócratas como podemos asegurar condiciones de participación y organización mínimas, que nos permitan continuar impulsando nuestra agenda de refundación y transformación raizal?. Esto genera el riesgo de que las demandas estructurales se aplacen de nuevo, con el reto de reconstruir una correlación de fuerzas que las impulse, hoy en minoría.
Andrés Cabanas, 14 de febrero de 2026
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