Muchas cosas pueden suceder o están sucediendo en estos tiempos en los que los poderosos se transfieren entre sí los premios que ellos mismos se otorgaron, y que son irrelevantes para mucha gente. Es el reflejo de la época, se miran en su espejo y se preguntan, parafraseando a Samaniego: ¿habrá otro más poderoso y desvergonzado que yo?
Las élites se disputan y reparten el mundo, y en estas dinámicas las luchas de los pueblos se invisibilizan y se vuelven más complejas. Pasa en Palestina y pasa en Venezuela, donde se tiende a marginar al Pueblo con mayúsculas y a los pueblos diversos que conviven en el territorio: el pueblo favorable al gobierno de Maduro y Delcy Rodríguez, el pueblo opositor a este gobierno pero partidario crítico del proyecto bolivariano, el pueblo enfrentado a Maduro y la revolución, que acepta la intervención extranjera y solicita un cambio de régimen.
Esta fase del capitalismo (capitalismo de la crueldad, extraordinariamente deshumanizado) oscila entre el uso de la fuerza militar, a gran escala (Palestina, Venezuela), el chantaje y la extorsión económicas (aplicación arbitraria de aranceles), el ocultamiento y la hiperbolización de la realidad (a través de un control mayoritario de las redes de comunicación), las amenazas permanentes (México, Cuba, Colombia, Brasil…), la legitimación de la intervención extranjera en todos los asuntos internos, la opción del fraude electoral, las mentiras como estrategia de comunicación, los insultos como forma de relación… Se reconfigura el ejercicio del poder, actores y formas de dominación en un contexto de explotación y marginalización extremas.
Los factores de contención a la multiplicación de las agresiones a los derechos y el renovado poder de elites planetarias son, en primer lugar, internos: en mayor medida, las movilizaciones populares en Estados Unidos, numerosas pero ocultadas por los medios de comunicación; en menor medida, la esperanza-espera de un cambio de rumbo en las elecciones intermedias de noviembre, porque esto implica apostar por una institucionalidad que está siendo desbaratada. Otros factores de orden interno: la toma de postura de los migrantes como nuevo actor y las contradicciones que generan muchas acciones de Trump que, si bien tienen una orientación estratégica clara (manifestación continua de poder y demostración de fuerza para reconfigurar el poder) enfrentan desvaríos tácticos, en la medida que la personalidad y sabiduría políticas de Trump se basan en su experiencia como empresario inmobiliario especulador y comunicador en programas de entretenimiento superficial.
Los factores externos implican que las múltiples amenazas ejercidas sobre diferentes actores y territorios pueden incentivar la solidaridad, como sucedió en el caso de Palestina durante 2025 (aún de forma insuficiente) o plantear nuevas movilizaciones nacionales alrededor de la defensa del derecho a decidir y la soberanía de cada pueblo y territorio. Esto es especialmente importante en América Latina, universo que el corolario Trump a la Doctrina Monroe define como territorios administrables, donde puede imponer su voluntad y acentuar su dominio.
Oponer proyectos, estrategias, dignidad, valores, paz, respeto, sororidad, solidaridad, derechos, a un mundo reconstruido (en reconstrucción) para la guerra, la maximización del lucro -aún a costa de daños a las personas y la madre tierra-, la moral y la ética hechas a la medida de quienes mal gobiernan, la ausencia de derechos (de regulación para el uso de la fuerza y la arbitrariedad) requiere multiplicar resistencias locales y globales en articulación y también en reconstrucción, en la medida que antiguos discursos, actores y formas de accionar pueden no ser totalmente útiles en este periodo o -en cualquier caso- necesitan ser actualizados y renovados en función de cambios generacionales, nuevas formas de realizar la comunicación, concienciación y participación de sectores ahora desmovilizados y especialmente, la definición prioritaria de consensos y acuerdos entre diferentes fuerzas.
Andrés Cabanas, 18 de enero de 2026
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